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Reflexiones sobre el evangelio del domingo XXIX (Is 45,1.4-6; Mt 22,15-21)

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Nunca han sido buenos tiempos para la relación entre los políticos y el pueblo, demasiada prepotencia en el poder, demasiadas expectativas en el pueblo; demasiados intereses ocultos en ambas partes; demasiadas pretensiones que armonizar. Y, sin embargo, nunca hubo una sociedad sin política, nada se construyó sin que algunos poseyeran las riendas y organizaran el espacio de todos. Ningún gran proyecto bueno se hizo sin política, aunque estos también esconden esas ambigüedades y pecados que parecemos no saber evitar los humanos en el movimiento de nuestras vidas.Por eso la política será siempre necesaria y a la vez será siempre relativa. Por eso será siempre necesario ser ciudadanos leales con los poderes políticos y a la vez críticos con sus decisiones y acciones. Aunque también será siempre necesario ser críticos con nuestra propia crítica, que demasiadas veces está teñida de ideologías, que nos hacen ver el mal en unos y no en otros, e infectada de intereses, que no nos dejan apenas …

Reflexiones sobre el evangelio del domingo XXVIII (Is 25,6-10a; Mt 22,1-14)

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En el evangelio de hoy se proclama una invitación de Dios, como dice la lectura de Isaías, para todos los pueblos. La invitación a una mesa común donde Dios repartirá los bienes que fue preparando para las bodas de su hijo con la humanidad.Hay que pensar a lo grande, en exceso, pues se está hablando de la pretensión de Dios de compartir su vida con la humanidad a través de las bodas de su Hijo con ella. Este encuentro se ha ido preparando a lo largo de los siglos en miles de dones repartidos que lo han ido anunciando, como cuando te dan los primeros poemas de un libro para que vayas haciendo boca y te decidas a compararlo porque quieres más de lo gustado. Así ha sido, y por eso los invitados a la boda, nosotros, tenemos nuestros propios bienes. Bienes recibidos, incluso si ha sido con nuestro esfuerzo, del mismo que nos invita ahora a disfrutarlos en una mesa común junto a la vida de su Hijo. Dios ha creado el mundo para hacer de él un espacio donde podamos encontrarnos y brindar por …

Aprovechar la vida

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"Me dije: Prueba la alegría  y busca el placer,  pero resulta que también esto es vanidad" (Eclo 2,1)
Escuchaba decir a un comentarista del corazón hablando de una madre de mediana edad, divorciada y con dos hijos, que “había querido recuperar la vida”. Con ello entendía él volver a salir de fiesta, a tener una relación con un chaval de veintipico….¡Qué lejos de la visión cristiana de las cosas! No porque al cristiano le esté vedado el gozo, la alegría que produce la fiesta en sus diversas formas, sino porque el Señor nos ha enseñado que la vida plena es la que abraza todo lo que somos en todos sus momentos y vive en cada uno de ellos de un amor que le hace dar fruto. Es el amor el que hace que Jesús extienda la alegría de Caná cuando ya parecía agotarse, y es el amor el que le lleva a resistir en Getsemaní cuando parece agotado del todo, envuelto en una tristeza y dolor máximos. He aquí una vida aprovechada hasta el final.Aprovechar la vida no es, entonces, correr obsesivamente…

Reflexiones para el domingo XXVII (Is 5, 1-7; Mt 21, 33-43)

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Así como en otros tiempos los textos de la Escritura en los que se hablaba de la violencia de Dios se aceptaban con naturalidad utilizándolos como coartada para justificar la violencia de los cristianos contra sus enemigos, en estos momentos nuestra cultura se escandaliza de los mismos y acusa a la Escritura de ser un texto sangriento que es mejor dejar de lado. De esta manera dos caminos que parecen opuestos sirven al que los recorre para lo mismo, ya que el que juzga para absolver o el que lo hace para condenar se cree justo, sin connivencias con el mal o la violencia. Sin embargo, la Escritura es toda ella palabra con la que Dios nos guía, nos advierte, nos enfrenta a la verdad oculta de nuestra vida: la que nos condena y la que nos puede salvar. La cuestión es saber leer, dejarse conducir por el Espíritu del mismo Jesús que nos dejó para que llegásemos a la verdad completa. En el texto de Isaías de este domingo, así como en el de Mateo, se presenta a un Dios que gratuitamente ofre…

Reflexión sobre el evangelio del domingo XXVI (Sal 24; Mt 21, 28-32)

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Creer no es simplemente pensar que Dios existe. Los cristianos decimos que creemos en Dios cuando afirmamos su historia con nosotros, cuando afirmamos que se ha dirigido a la humanidad con la vida de Jesús para invitarnos a una forma de ser que nos libere del peso amargo con el que la vida nos carga y que tantas veces nos echamos a la espalda unos a otros. Creer en Dios para el cristiano es, por eso, reconocerse ante él en una relación de tú a tú, y percibir que confía en nosotros hasta el punto de entregarnos su mundo para que lo hagamos fructificar (“Vete a trabajar a la viña”, dice el evangelio de hoy). Creer en Dios es sabernos invitados a compartir la vida que él abre para nosotros, y reconocer su forma de ser como el camino para encontrar la nuestra, porque Dios no nos pide con sus mandamientos hacer nada que él mismo no haga o haya hecho por nosotros. Creer en un Dios misericordioso no significa simplemente pensar que nos perdona los pecados, sino que mucho antes ha querido ens…