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Mostrando entradas de noviembre, 2021

I DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO C (Jer 33,14-16; Sal 24; 1Tes 3,12–4,2; Lc 21,25-28.34-36)

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LUCÍA. UNA HISTORIA DE ADVIENTO (1) Lucía había comprado una vela grande para encenderla mientras rezaba aquel Adviento. Y al caer la tarde del sábado, sola en casa, la encendió, se sentó en un cojín en el suelo y se dispuso a leer el evangelio de aquel primer domingo. Y sucedió que mientras leía aquel texto antiguo que ya casi no creían ni los que lo predicaban, las palabras empezaron a recolocarse y cobrar una nueva vida. “Mirad -escuchó de boca de Jesús-, mirad los signos en los techos de las calles, las luces, las estrellas que no dejan ver el cielo.  Mirad las gentes correr, enloquecidas por el estruendo de las redes encrespadas que inundan, que anegan los corazones. Mirad cómo corren sin aliento ocultando el miedo a contemplar que todo pasa, intentando agarrar el tiempo a golpe de emoción. Mirad y despertad del sueño, separaros de la luz. Sabed que ha empezado el fin del mundo, que ha empezado la caída en el abismo de la nada y por eso la nada se viste de todo intentando sostener

XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. Fiesta de Cristo Rey. CICLO B (Dn 7, 13-14; Sal 92, 1-5; Apoc 1, 5-8; Jn 18, 33b-37)

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Pese a la impresión que pueda dar la fiesta litúrgica de Cristo Rey, siempre la celebramos en el contexto del principado de Satán sobre el mundo. El mismo evangelio orienta la mirada ya que Jesús aparece juzgado (y luego condenado) por el representante de este poder al que importa poco la verdad y sí lo que favorece sus intereses. Jesús, en este contexto, se manifiesta como poder sobre sí mismo, como poder de libertad para desarrollar en él la imagen de Dios que le define, como fuerza de verdad y amor que no se deja intimidar, comprar o manipular por nada ni por nadie, como presencia de vida dada incluso bajo la amenaza de la muerte. Por eso en el libro del Apocalípsis se le llama “testigo fiel”, antes de pedir para él “la gloria y el poder por los siglos de los siglos”. Y esto es lo que reafirmará Dios con su resurrección mostrando que él es la forma verdadera de la humanidad, el destino último de la creación. También hoy, como en todos los tiempos, estamos sometidos al dominio del es

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B (Dn12, 1-3; Sal 15, 5-11; Heb 10, 11-14. 18; Mc 13, 24-32)

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Con frecuencia   en la historia de la Iglesia la predicación se ha quedado a medio camino de la revelación de Dios, y lo que eran imágenes en vía de purificación se han tomado como verdad última de Dios. Esto pasa sobre todo en el tema de la violencia que tan a menudo está unido a la figura del poder y de la omnipotencia de Dios. Esta es la razón por la que en las imágenes apocalípticas la violencia se vincula a Dios. Sin embargo, las descripciones de violencia de textos como el del evangelio de hoy deben leerse siempre desde el acontecimiento pascual. Es decir, Dios se revela en la figura de Jesús que, crucificado, se encuentra anegado junto con los tragados por una historia llena de envidia y codicia, de injusticia y prepotencia. Ahora bien, en medio de ella Jesús aparece como el verdadero Noé que se sostiene en la fe y en el amor. Resucitándolo Dios ofrece en él un mundo nuevo donde se pueden salvar los tragados por esta historia mortal. Esta es la verdadera omnipotencia de Dios: la

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B (1Reyes 17, 10-16; Sal 145, 7-10; Heb 9, 24-28; Mc 12, 38-44)

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No se escucha con agrado la primera lectura de hoy. Elías, aparentemente insensible con la pobreza de la viuda, le pide que le ofrezca lo poco que le queda para vivir. ¿No es un ‘devorabienesdeviuda’ de esos que Jesús critica en el evangelio?  Sin embargo, bien mirado él lo ha dejado todo y vive de limosna. Su petición parece que quiere llevar a la viuda al límite de su confianza en Dios como él mismo ha hecho. Así comen los tres juntos una especie de maná sin saber si al día siguiente habrá pan, fiándose de que Dios dará el pan de cada día a quien no intenta aferrarse a los bienes y los comparte. Seguramente vayamos necesitando salir de ese evangelio ligth que parece no exigir nada porque Dios es bueno… un evangelio falso que no nos lleva más que a ser mundanos y apagar el fuego con el que Dios quiere que alumbremos al mundo. Por otra parte, el pueblo de Dios es llamado a una lucidez que le haga distinguir entre los que le llaman a acoger la Palabra de Dios que, aunque hiere, d