Entradas

DOMINGO III DEL TIEMPO DE PASCUA. CICLO C (Hch 5, 27b-32.40b-41; Sal 29, 2-13b; Apoc 5, 11-14; Jn 21, 1-19)

Imagen
Por dos veces el evangelio de hoy nos dice que los discípulos estaban juntos: así estaban y así subieron a la barca. Por más que nos sintamos solos y dispersos hay algo que continuamente nos reúne, según Juan. Este estar juntos parece responder a dos situaciones diferentes: el vivir la misma vida, con sus dificultades y alegrías, en medio de sus trabajos y descansos; y el subir a la barca (de la Iglesia), estar llamados a una vocación donde se plenifique nuestra vida, donde el pescar se haga sobreabundante. Es así como empieza este evangelio que continuamente se repite entre los hombres y mujeres de la historia. Y aquí estamos nosotros en medio del mundo y en medio de la Iglesia. Junto a todos, como dice el Concilio Vaticano II, en “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”; y juntos en esta Iglesia nuestra que no sabe por qué sus redes parecen no recoger nada ya, al menos en est...

DOMINGO II DEL TIEMPO DE PASCUA. CICLO C (Hch 5,12-16; Sal 117; Apoc 1,9-11a.12-13.17-19; Jn 20, 19-31)

Imagen
Cuando leo el Evangelio que se nos da a meditar este domingo me gusta pensar que, al componerlo, fue Juan el que le dio a Tomás el apodo de “Mellizo” para que el lector o el oyente se identificara con él. Ofrecería así un principio que atraviesa toda la Escritura y que afirma que allí no se cuenta simplemente la historia de hombres y mujeres a través de los que Dios se dio a conocer, sino la historia de la humanidad, de nuestra humanidad en lo más profundo de sí misma. Así pues, nos equivocamos cuando leemos las historias con más curiosidad histórica que búsqueda del hoy de Dios para nosotros, porque identificándonos con el relato podemos ver las cosas de las que se habla, tal cual son, en nuestra propia vida, en nuestro propio mundo. En este sentido, el relato de este domingo nos invita a atravesar las dudas de fe acompañados por la comunidad, dejándonos arropar y alentar por su confesión. No son extrañas las dudas, es más, cuando un creyente no las ha tenido seguramente es que todaví...

LA AGONÍA DE LA RESURRECCIÓN

Imagen
No pocas veces la predicación de la resurrección se hace de manera bastante ingenua, como si se estuviera hablando del fin de las penas y la irrupción de una alegría ya continua, o de la implantación de una paz que deja impotente la voracidad de la injusticia, o de la llegada de un reino de salud que se impone sobre toda enfermedad y muerte. Sin embargo, no es así. El mismo día que se celebra la resurrección algunos enferman gravemente o mueren, se comenten injusticias que golpean a los más débiles, y las preocupaciones, angustias, depresiones, tristezas… parecen seguir como si nada. De hecho, en los dos evangelios que se leen en el domingo de Resurrección (el de la Vigilia Pascual y el de la misa del día) ni siquiera se hace presente Cristo. Su presencia vendrá después de un itinerario de miedo, de llanto, de incredulidad… incluso cuando se afirma que él ya está resucitado.  Y es que la resurrección no resuelve los problemas de la vida, como la religión no es un e scudo protecto...

Vigilia Pascual. A modo de homilía

Imagen

Soy yo, ¿no me conoces? (Viernes Santo)

Imagen
Había venido al jardín donde nos conocimos, donde el gozo de antaño se había transformado para él en agonía, y allí nos esperaba. Había convivido con nosotros desde el principio y nos conocía como a su propia carne, como nosotros debíamos conocerle a él. Nos esperaba y nosotros, vencidos por el miedo, íbamos armados como al encuentro de un enemigo. ¿Por qué si le conocíamos? ¿Por qué si sabíamos que era la fuente de la vida?   Y le preguntamos, como si no lo supiéramos: “¿Eres tú?” Y con esa expresión íntima de quien no necesita decir el nombre porque es el de siempre, respondió: “Soy yo”. Y retrocedimos, sin saber por qué, como si no estuviéramos preparados para tanto amor, como si no estuviéramos preparados para un encuentro en la verdad. Y caímos a tierra y nos mezclamos con ese barro infecundo que ha perdido su futuro porque se deshizo de las manos del alfarero que imprimía su belleza en él. Y se quedó solo, más solo aún, solo en una espiral de distanciamiento e indiferenci...