DOMINGO VI DE PASCUA (Hch 8, 5-8.14-17; Sal 65, 1-3a.4-5.6-7a.16.20; 1Pe 3, 15-18; Jn 14, 15-21)

Cuando Juan habla de ‘mundo’, como hace en el evangelio de hoy, se refiere habitualmente a la vida de los hombres degradada por el poder de la mentira y de la violencia (Jn 8,44). Pero para entender esto hay que remontarse un poco más atrás.
La experiencia común es que nuestra vida es limitada, débil, frágil, vulnerable. No significa esto que sea mala, pero es difícil de vivir en muchas ocasiones. Para afrontar esta situación hemos sido puestos unos en manos de otros, para que ese espacio esté habitado por una presencia que, con su afecto, su preocupación y su cuidado, nos haga sentirnos seguros. De esta manera la vida en su pobreza se llena de riqueza.
No es fácil entenderlo porque entremedias se cuela el miedo a que este abrazo de los demás no llegue o no sea suficiente, que es lo normal. La reacción, entonces, a este miedo es pensar que la fragilidad y la pequeñez son malas, incluso un castigo, y que hay que superarlas como sea. Y este ‘como sea’ se convierte en hacernos fuertes frente a todo y a todos, en intentar dominarlo todo. Así aparece la creación convertida en ‘mundo’, es decir, sometida al poder del mal.
En el evangelio de hoy, Jesús indica a los que le siguen que junto a él reciben un espíritu para comprender la verdad de las cosas, un espíritu para afrontar el camino del amor y un espíritu de paciencia para soportar el tiempo hasta que llega la riqueza del abrazo común. En el fondo, la vida junto a Jesús nos hace descubrir que nuestra pobreza está destinada a recibir la riqueza de Dios y que nuestro poder está llamado a hacerle presente cuidando de los que nos necesiten mientras él se hace todo en todos.
Jesús nos avisa: habrá momentos en que esto no se vea (que nos sintamos huérfanos) y que el ‘mundo’ parezca ocuparlo todo; nos ofrece un don: su Espíritu que nos hará respirar la verdad y el amor bajo esta situación; y nos hace una promesa: el amor de Dios en él será también el nuestro.




En esta pintura titulada Get It On! (¡Vamos, a por ello!) de Marit's Paper World, la artista se dibuja llena de una luz que viene de un circulo que parece llamarla derramando un mensaje que abarca la pintura de arriba abajo. La pintura surge en un momento de oscuridad en el que una amiga le envía una canción con ese título que la renueva decidiéndose a coger los pinceles de nuevo. Es la misma lógica del evangelio: en medio de un mundo que no tiene nunca claridad total, de formas y colores tan oscurecidos y de movimientos tan caóticos que nos quitan la fuerza de la esperanza, el evangelio nos llama con su espíritu de verdad y amor. Hace falta decidirnos y nos llenaremos de luz para el mundo.

Canto de Taizé: Oh pobreza...

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