¿Qué pasa cuando se nos mueve Dios de sitio? ¿De qué sitio? No importa, simplemente del sitio donde le habíamos colocado como propio, del sitio en el que creíamos que estaba y de la forma que creíamos que tenía. Esto pasa cuando hemos hecho de Dios una parte de nuestra vida, colocándole donde y en la forma en que se adapta a lo que ya somos, ya pensamos y ya hacemos; con alguna exigencia que otra, pero siempre tan envueltas en su misericordia que lo que nos pide realmente termina sin ser una exigencia real. En esta posición en la que le tenemos, lo rodeamos con sus palabras favoritas. Palabras como justicia, misericordia, padre, juez, cielos, maestro, pero todas, como decía Frank Sinatra My way , es decir, pronunciadas a nuestra manera. Pues bien, cuando se mueve Dios de sitio, lo que pasa es que quedamos desconcertados y no sabemos muy bien a qué atenernos ni cómo reaccionar. Esto es lo que sucede al hijo menor de la parábola de hoy, que llevaba su discurso preparado para un...