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Cuaresma'25: A la puerta (quinto poema)

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DOMINGO IV DEL TIEMPO DE CUARESMA. CICLO C (Jos 5,9-12; Sal 33,2-7; 2Cor 5,17-21; Lc 15,1-3.11-32)

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¿Qué pasa cuando se nos mueve Dios de sitio?   ¿De qué sitio? No importa, simplemente del sitio donde le habíamos colocado como propio, del sitio en el que creíamos que estaba y de la forma que creíamos que tenía. Esto pasa cuando hemos hecho de Dios una parte de nuestra vida, colocándole donde y en la forma en que se adapta a lo que ya somos, ya pensamos y ya hacemos; con alguna exigencia que otra, pero siempre tan envueltas en su misericordia que lo que nos pide realmente termina sin ser una exigencia real. En esta posición en la que le tenemos, lo rodeamos con sus palabras favoritas. Palabras como justicia, misericordia, padre, juez, cielos, maestro, pero todas, como decía Frank Sinatra My way , es decir, pronunciadas a nuestra manera. Pues bien, cuando se mueve Dios de sitio, lo que pasa es que quedamos desconcertados y no sabemos muy bien a qué atenernos ni cómo reaccionar. Esto es lo que sucede al hijo menor de la parábola de hoy, que llevaba su discurso preparado para un...

Cuaresma'25: Desde la higuera (cuarto poema)

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DOMINGO III DEL TIEMPO DE CUARESMA. CICLO C (Ex 3, 1-15; Sal 102, 1-11; 1Cor 10, 1-6.10-12; Lc 13, 1-9)

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He comentado algunas veces que los cristianos somos demasiado milagreros. Aunque quizá no más que los hombres y mujeres de todos los tiempos que siempre han vivido a la espera de acontecimientos sobrenaturales que pudieran afirmar su poder, su bienestar o su prestigio. Al no superar esta fase, tendemos a interpretar los gestos que hace Jesús o que describen los evangelios, como simples hechos sobrenaturales de poder en vez de como signos de una vida que se degrada o que se renueva al rechazar o acoger su persona. Porque de esto se trata. Se trata de mostrar cómo el contacto con Jesús suscita en nosotros una respuesta que despierta las fuerzas de la vida verdadera y nos hace dar frutos de vida eterna, no de vida espectacular o de ‘buena vida’.   Jesús no está para películas, Jesús quiere sacar de nosotros lo que no nos atrevemos a mirar porque preferimos una vida fácil y, además, porque desconfiamos de nosotros mismos y de nuestras posibilidades, y nos da miedo fracasar. Pero, como ...