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DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO (Sab 12, 13.16-19; Sal 85, 5-6.9-10.15-16a; Rom 8, 26-27; Mt 13, 24-30)

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Nuestro trato con el mal requiere una mirada especial porque el mal no es simplemente mal, sino la mayor parte de las veces un bien deforme que no ha encontrado el camino armónico de venir a sí mismo. Los cristianos afirmamos que Dios todo lo hizo bien, sin que esto suponga que creemos que hubo un mundo perfecto antaño. Afirmamos más bien que su creación es buena toda entera, aunque le cueste eliminar los daños colaterales, a veces terribles, que genera mientras se encuentra a sí misma de la mano de Dios. Pero esto no es simplemente una idea sobre el mundo, sino una afirmación de fe que lleva consigo un compromiso para hacer fructificar todo, un compromiso con la vida para que pueda alegrarse de existir en todos. Sin embargo, al contacto con lo que nos hace daño, es fácil desesperar e intentar arrancarlo sin dar espacio a la paciencia y al esfuerzo por intentar entenderlo y aprender a manejarlo. Pasa por ejemplo con la fiebre o con el dolor físico o con la angustia psíquica que ensegui...

VIRGO CARMINUM (Canto)

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COMO LA LUZ DEL NUEVO DÍA (oración)

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TESTIGOS (en la fiesta de san Benito'26)

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DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO (Is 55, 10-11; Sal 64, 10-14; Rom 8, 18-23; Mt 13, 1-23)

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Hay una semilla santa e inmortal en todos nosotros, en todos, porque hemos sido creados de la sustancia de Cristo que quiere hacerse vida en nosotros; creados “en Cristo”, como le gusta decir a Pablo. Ahora bien, esta semilla está de continuo amenazada en el proceso de dar fruto, amenazada en el movimiento hacia sí misma y su destino. Quizá algo de esto quiera hacernos comprender la parábola del evangelio, al menos en la lectura que hoy me suscita. Somos fruto de una siembra inesperada, asombrosa y gratuita, con la que el mundo es bendecido. Somos, en medio del mundo, semillas llamadas a cristificarlo, a hacer que dé de sí sin saber de inicio cuales serán los caminos por los que lo haremos y que se nos invita a buscar. La parábola nos avisa, sin embargo, de que hay enemigos, fuera y dentro de nosotros, que tienden a hacer inútil la siembra, a dejar el mundo como un desierto sin flor ni fruto. No es necesario poner cara al enemigo que es siempre un misterio incomprensible para el que sa...