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DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO. (Is 56,1.6-7; Sal 66,2-3.5.6.8; Rom 11,13-15.29-32; Mt 15,21-28)

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Escuchamos hoy en el evangelio una historia que, incluso si no lo decimos, suscita una cierta perplejidad en nosotros  al ver actuar a Jesús con tan poca consideración (por decirlo con suavidad) con la cananea . Y, sin embargo, si lo pensamos bien, lo que estamos viendo en él es simplemente nuestra forma de actuar habitual. ¿O no es así? A lo largo de la historia, en cada sociedad algunos han creído que lo merecían todo y esos mismos han pensado que otros podían conformarse con las migajas. No importa si era por la raza, la posición social, la religión, da lo mismo. Los humanos siempre hemos pensado que los nuestros son mejores que los otros, que en los nuestros se puede confiar no como en los otros. Los otros podrían definir a los humanos que no identificamos inmediatamente con lo humano porque son distintos y, por tanto -pensamos sin decirlo en alto-, un poco menos humanos. Los otros podrían vivir con menos dinero que nosotros, con menos servicios médicos que nosotros; los otros ...

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (Ap 11,19a; 12,1.3-6a.10ab; Sal 44, 10-12.16; 1Cor 15,20-27a; Lc 1,39-56)

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En esta solemnidad de la Asunción de María, la Iglesia, casi como en la Ascensión del Señor, nos invita a mirar al suelo. Recordemos aquellos dos hombres con vestiduras blancas que dicen a los discípulos: “Galileos, ¿qué hacéis mirando al cielo?” (Hch 1,11) .  La razón es que el cielo no es sino la misma creación participando de la vida de Dios, ese es su destino y esa es su plenitud. Eso significa que cielo y suelo no son excluyentes, como si dijéramos: el suelo no es el cielo y el cielo no es el suelo. Al contrario, la vida de Jesús nos dice que el cielo ya está en él y que conocemos el cielo aquí, en lo que es según Dios, según su amor exuberante y misericordioso. Esto es lo que permanecerá eternamente. He aquí el mensaje último de la Ascensión. En la fiesta de hoy es María, como signo de la Iglesia entera, la que nos lo muestra. “En aquellos días -dice el evangelio- se dirigió a la montaña”. Así empieza el evangelio, como apuntando al deseo último y permanente de María de ...

ABURRIMIENTO (Pequeña meditación poética)

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DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO. (1Re 19, 9a.11-13a; Sal 84, 9-14; Rom 9, 1-5; Mt 14, 22-33)

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Es necesario volver al final del capítulo 8 de la carta a los Romanos que leíamos el domingo pasado para entender de qué se está hablando en este evangelio de hoy que muestra a Pedro hundiéndose bajo el poder del mar. Recordemos: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? -decía Pablo- ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?”. Y podríamos añadir: ¿el paro?, ¿el desamor?, ¿el desprecio?, ¿la enfermedad mental?, ¿la falta de papeles?, ¿la vejez?, ¿el fracaso?, ¿el bullying ?… De todas estas cosas no siempre podemos librarnos y lo peor es que en ellas no siempre encontramos quien nos acoja, nos acompañe, nos defienda, nos solucione el problema. Además, seguramente, los que leamos esto no estamos en las peores situaciones que sufre la humanidad. ¿Qué sabremos nosotros?, nos podrían decir muchos. En cualquier caso, eso no obsta para que, a veces, sintamos que nos ahogamos con Dios delante sin que notemos que haga nada y, como Pe...

APRENDIZ DEL SILENCIO (Oración)

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