DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO (Eclo 27,30-28,7; Sal 102,1-12; Rom 14,7-9; Mt 18,21-35)
Hoy me fijo en el escándalo que suscita la acción de uno de los personajes del evangelio: “ Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados”. ¿Cómo es posible que quien ha recibido tanta generosidad, tanta misericordia, viva como si esta no hubiera existido? El escándalo se vive como consternación, como tristeza al contemplar tanta indiferencia, tan poca sensibilidad hacia la necesidad, tan poca paciencia para quien no puede con su vida. Este escándalo es el de aquellos que no han dejado morir la humanidad de su corazón y sufren al ver al mal campar a sus anchas por el mundo . ¿Por qué tanta insensibilidad? ¿Por qué quien tanto ha recibido se muestra con tanta indiferencia ante los que necesitan lo que él tiene? Este, ya lo dijo el papa Francisco en Evangelii Gaudium , es uno de los pecados radicales de nuestro mundo: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la bú...