DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO (Jer 20, 7-9; Sal 62, 2-9; Rom 12, 1-211, 33-36; Mt 16, 21-27)
Cuando quien confía se encuentra con quien ama la vida del que confía se llena de dones haciéndose más grande y no hay nada que no sea un motivo de alegría y gratitud; cuando el que ama se encuentra con quien confía, el primero se ensancha reduplicándose en una espirar de creatividad donde nace lo inimaginable. Pero ¿qué sucede cuando el que confía se entrega a aquel que no sabe amar porque no sabe confiar?, ¿qué sucede cuando el que ama se encuentra con quien no confía más que en su poder para dominarlo todo? Se ve entonces que la confianza y el amor tienen un lado luminoso, pero cuando se encuentran con espacios de desconfianza, posesividad y autoafirmación aparecen envueltos en soledad y sufrimiento. Así pues, la confianza y el amor pueden hacer nacer en el mundo el paraíso y, a la vez, pueden crucificar al que vive de ellos. De este lado trágico del amor habla hoy el evangelio. Jesús, que trae la confianza y el amor de Dios para crear el paraíso, se adentra en los espacios del mied...