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SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS (Apoc 7,2-4.9-14; Sal 23,1-6;1Jn 3,1-3; Mt 5,1-12a)

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Vivimos cegados por el mal. Como si existiera una atracción en nuestros ojos y en nuestro pensamiento y en nuestro corazón hacia la vulgaridad y la desvergüenza, hacia la mentira, el desprecio, la humillación y toda clase de violencia. La mayor parte del tiempo no se trata de querer vivirlas, pero es como si nos gustara olerlas, mirarlas, comentarlas como si fuera lo central de la vida, especialmente de la de los demás. Ahora bien, esta atracción no nos deja ver la sustancia verdadera de la vida, que no es otra que la belleza del bien, que se expresa por todas partes, aunque sin ruidos Las sonrisas que nos dirigimos, los gestos de aliento y las palabras de consuelo, el trabajo duro para sacar adelante a los nuestros, el cuidado de los que preparan las cosas o los espacios que utilizaremos durante el día, la oración de unos por otros, los donativos que sostienen a tantas ONGs o el voluntariado discreto en ellas, el hacer bien lo que hay que hacer y el trato cuidadoso con las cosas, el r...

Fieles en lo poco (artículo para Vida Nueva)

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TESTIGOS del EVANGELIO (pequeña meditación)

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DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO (Ex 22, 20-26; Sal 17, 2-4.47.51;1Tes 1, 5c-10; Mt 22, 34-40)

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El amor a Dios, antes de ser un mandamiento, es el sentimiento natural hacia él cuando uno reconoce que todo lo que es proviene de sus manos, que todo lo que está quebrado en su vida tiene en él su restaurador, que todo lo que no termina de cumplirse en nuestra historia anhelante de plenitud tiene en él una promesa de vida eterna. Amarle es responder a su amor, es dejarse llevar por un sentimiento de gratitud tan sobreabundante como la vida que él nos regala. Pero ¿por qué es un mandamiento? Pues porque lo que nos da no siempre es visible, experimentable, reconocible en medio de un mundo ambiguo, injusto y, demasiadas veces, cruel sin que entendamos por qué. Amarle es, entonces, obligarnos a mirar y actuar en el mundo con esperanza viviendo una verdad que está en construcción. Por otra parte, el amor al prójimo es la manera de sacar de nuestro interior lo mejor que allí está sembrado. No para conseguir algo, como cuando uno utiliza sus talentos para ganarse la vida, sino por el simple ...

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO (Is 45, 1. 4-6; Sal 95, 1-10;1Tes 1, 1-5b; Mt 22, 15-21)

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Señor, alumbra mi corazón para que entienda los caminos del evangelio y haz que tus palabras no se queden solo entre mis pensamientos, sino que alcancen a ser el impulso confiado de mis pasos” . Demasiadas veces nos quedamos dando vueltas a ideas sobre la vida sin percibir que la vida no es para pensarla, sino para vivirla (aunque necesite ser pensada). También nos pasa esto con el evangelio. Por eso, de cuando en cuando, hoy lo hago yo, debemos pararnos y decirnos a nosotros mismos que no basta con meditar el evangelio, sino que debe ser llevado a la vida, que el evangelio busca hacerse confianza en medio de las oscuridades, fuerza para nuestra debilidad, compasión en nuestras relaciones, tabla de discernimiento en nuestras decisiones, esperanza en nuestros fracasos, libertad frente al conformismo. Sin esto no será realmente evangelio para nosotros. Por eso, hoy he querido dejar constancia de una oración que predispone mi corazón y el tuyo, si quieres, a acoger el evangelio como Vida ...