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DOMINGO VI DE PASCUA (Hch 8, 5-8.14-17; Sal 65, 1-3a.4-5.6-7a.16.20; 1Pe 3, 15-18; Jn 14, 15-21)

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Cuando Juan habla de ‘mundo’, como hace en el evangelio de hoy, se refiere habitualmente a la vida de los hombres degradada por el poder de la mentira y de la violencia (Jn 8,44). Pero para entender esto hay que remontarse un poco más atrás. La experiencia común es que nuestra vida es limitada, débil, frágil, vulnerable. No significa esto que sea mala, pero es difícil de vivir en muchas ocasiones. Para afrontar esta situación hemos sido puestos unos en manos de otros, para que ese espacio esté habitado por una presencia que, con su afecto, su preocupación y su cuidado, nos haga sentirnos seguros. De esta manera la vida en su pobreza se llena de riqueza. No es fácil entenderlo porque entremedias se cuela el miedo a que este abrazo de los demás no llegue o no sea suficiente, que es lo normal. La reacción, entonces, a este miedo es pensar que la fragilidad y la pequeñez son malas, incluso un castigo, y que hay que superarlas como sea. Y este ‘como sea’ se convierte en hacernos fuertes fre...

Resucitar antes de resucitar

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In memoriam. Javier Prieto

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DOMINGO V DE PASCUA (Hch 6, 1-7; Sal 32, 1-2.4-5.18-19; 1Pe 2, 4-9; Jn 14, 1-12)

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“No os inquietéis. En la casa de mi Padre hay sitio para todos. Yo prepararé ese sitio y vosotros podréis vivir en paz allí”. Sintetizo las palabras del evangelio a mi manera y me pregunto: ¿Quién puede pronunciar estas palabras de manera creíble y verdadera? Es decir, ¿quién puede asegurar un lugar de paz para todos?, y ¿cómo ha de hacerlo para que le creamos? La única manera es que el que las pronuncia se convierta en un espacio de acogida en el que los que le escuchan puedan reposar sus afanes, sus miedos, sus sufrimientos, sus dudas, sus miserias y, a la vez, sepan recogidas y protegidas sus alegrías y sus logros. Que, en el mismo instante en que pronuncia estas palabras, ofrezca un horizonte de esperanza en el que nada quede marcado por la estrechez del pasado o del presente, sino por una mirada que ama la profundidad de lo que somos como amados de Dios y el futuro que en ese amor somos. Es decir, estas palabras solo pueden ser creíbles cuando se hacen cuerpo de vida en quien las ...

LIBRO: Fragmentos de oración vol. 2

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