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DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO (Jer 20, 7-9; Sal 62, 2-9; Rom 12, 1-211, 33-36; Mt 16, 21-27)

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Cuando quien confía se encuentra con quien ama la vida del que confía se llena de dones haciéndose más grande y no hay nada que no sea un motivo de alegría y gratitud; cuando el que ama se encuentra con quien confía, el primero se ensancha reduplicándose en una espirar de creatividad donde nace lo inimaginable. Pero ¿qué sucede cuando el que confía se entrega a aquel que no sabe amar porque no sabe confiar?, ¿qué sucede cuando el que ama se encuentra con quien no confía más que en su poder para dominarlo todo? Se ve entonces que la confianza y el amor tienen un lado luminoso, pero cuando se encuentran con espacios de desconfianza, posesividad y autoafirmación aparecen envueltos en soledad y sufrimiento. Así pues, la confianza y el amor pueden hacer nacer en el mundo el paraíso y, a la vez, pueden crucificar al que vive de ellos. De este lado trágico del amor habla hoy el evangelio. Jesús, que trae la confianza y el amor de Dios para crear el paraíso, se adentra en los espacios del mied...

EVANGELIO Y REALIDAD (Pequeña meditación poética)

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DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO (Is 22, 19-23; Sal 137, 1-8; Rom 11, 33-36; Mt 16, 13-20)

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En la primera parte del evangelio de hoy pudiera parecer que saber quién es Jesús es una cuestión de ideas y, en este caso, Pedro tiene la correcta. Si fuera así, podríamos decir que se puede reconocer a Jesús como el mesías sin ninguna implicación de la vida. La segunda parte, sin embargo, define qué significa reconocerle como mesías. Significa recibir de él las llaves para comprender, interpretar y actuar sobre las fuerzas del mundo haciendo que estas se sometan al plan de Dios. De ahí que se sabe si uno ha reconocido a Jesús como mesías por como maneja en su vida estas fuerzas, por si abre en él y en su mundo circundante lo que Dios quiere y si cierra su vida a lo que se opone a Dios. Hace unos años se hizo famosa la canción La muralla , un poema de Nicolás Guillén cantado por Víctor Manuel y Ana Belén. Al oírla uno se sentía invitado a asumir la posición de vigilante de una puerta de muralla y propiciar la entrada de lo bueno y evitar la de lo malo. Parecía sencillo con los ejemplo...

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO. (Is 56,1.6-7; Sal 66,2-3.5.6.8; Rom 11,13-15.29-32; Mt 15,21-28)

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Escuchamos hoy en el evangelio una historia que, incluso si no lo decimos, suscita una cierta perplejidad en nosotros  al ver actuar a Jesús con tan poca consideración (por decirlo con suavidad) con la cananea . Y, sin embargo, si lo pensamos bien, lo que estamos viendo en él es simplemente nuestra forma de actuar habitual. ¿O no es así? A lo largo de la historia, en cada sociedad algunos han creído que lo merecían todo y esos mismos han pensado que otros podían conformarse con las migajas. No importa si era por la raza, la posición social, la religión, da lo mismo. Los humanos siempre hemos pensado que los nuestros son mejores que los otros, que en los nuestros se puede confiar no como en los otros. Los otros podrían definir a los humanos que no identificamos inmediatamente con lo humano porque son distintos y, por tanto -pensamos sin decirlo en alto-, un poco menos humanos. Los otros podrían vivir con menos dinero que nosotros, con menos servicios médicos que nosotros; los otros ...

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (Ap 11,19a; 12,1.3-6a.10ab; Sal 44, 10-12.16; 1Cor 15,20-27a; Lc 1,39-56)

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En esta solemnidad de la Asunción de María, la Iglesia, casi como en la Ascensión del Señor, nos invita a mirar al suelo. Recordemos aquellos dos hombres con vestiduras blancas que dicen a los discípulos: “Galileos, ¿qué hacéis mirando al cielo?” (Hch 1,11) .  La razón es que el cielo no es sino la misma creación participando de la vida de Dios, ese es su destino y esa es su plenitud. Eso significa que cielo y suelo no son excluyentes, como si dijéramos: el suelo no es el cielo y el cielo no es el suelo. Al contrario, la vida de Jesús nos dice que el cielo ya está en él y que conocemos el cielo aquí, en lo que es según Dios, según su amor exuberante y misericordioso. Esto es lo que permanecerá eternamente. He aquí el mensaje último de la Ascensión. En la fiesta de hoy es María, como signo de la Iglesia entera, la que nos lo muestra. “En aquellos días -dice el evangelio- se dirigió a la montaña”. Así empieza el evangelio, como apuntando al deseo último y permanente de María de ...