DOMINGO DE RAMOS (Is 50, 4-7; Sal 21,8-9.17-18a.19-20.23-24; Filp 2,6-11; Mt 26,14-27,66)
A veces es difícil ver lo que tenemos delante de nuestras narices. La razón es que no miramos con la mirada libre, abierta, atenta, sino sometida a razones, juicios e interesas en los que nos encontramos protegidos, seguros, dueños de la realidad y de nosotros mismos. Cuando miramos a Jesús pasa igual, podemos estar ante él y no ver quién es, que dice y qué hace. Más aún, podemos hacerle objeto demuestra admiración o devoción, manteniéndonos muy lejos de su espíritu. El otro día veía la presentación de una túnica nueva de sedas y bordados de oro y plata para un Cristo que llamaban de la humildad. Y me preguntaba: ¿qué humildad han visto en Cristo para vestirlo así? Con esa túnica ¿no están negando su humildad y vistiéndolo, por el contrario, de vanidad? En estos días vamos a poner ante nuestros ojos y en nuestros oídos en la pasión de Jesús, vamos a ensalzarla con admiración, devoción y gratitud. Lo hacemos ya desde este domingo con la entrada de Jesús en Jerusalén como Mesías. Pero he...