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NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA (Virgen del Canto en mi pueblo) (Mi 5,1-4a; Sal 12,6; Rom 13,8-10; Mt 1,18-23)

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En la fiesta de la natividad de María el evangelio nos habla de su maternidad y, así, nacimiento y maternidad quedan unidas en un único misterio de vida. El nacimiento, salvo en estos tiempos tan dados al exhibicionismo es un acontecimiento íntimo, un acontecimiento casi escondido. No es extraño ya que, en él, la vulgaridad de la carne y la alegría de la vida requieren un cierto clima de pudor donde poder vivirse con naturalidad. Allí mismo aparece una llamada silenciosa que el recién nacido deberá dar a luz a lo largo de su vida, de igual manera, entre las sombras vulgares del mundo y sus anhelos y alegrías de esperanza. Del nacimiento de María no sabemos nada a no ser que nació con esta vocación de fecundidad escondida en su carne por la misma gracia de Dios. Nada lo pudo presagiar en aquel instante lo escondido, ni siquiera ella, que tuvo que aprender a reconocer en silencio y oración, allí donde se cruzan los ángeles de Dios con los humanos, la promesa de Dios para ella. Esta prome...

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO (Ez 33,7-9; Sal 94,1-9; Rom 13,8-10; Mt 18,15-20)

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En el evangelio de hoy, Jesús parece enseñar a su comunidad a defenderse de los publicanos: “Si un pecador no hace caso a la comunidad cuando le corrige, considéralo como un publicano”. Sin embargo, más adelante dirá: “En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios”. Esta última frase se ha convertido en un tópico para hablar de la misericordia de Dios que nunca se retracta de su amor por todos, tampoco cuando le hemos rechazado con nuestras acciones. Sin embargo, demasiadas veces olvidamos la segunda parte de la frase (“porque ellos creyeron a Juan bautista”, es decir, se arrepintieron) y el texto se convierte entonces en una coartada para nuestra mediocridad que no quiere acoger la vida que Dios nos ofrece, vida exigente, pero que crea condiciones de alegría para todos, una vida que la comunidad de Jesús debe reproducir. Y esto es lo que está en juego en el evangelio de hoy.   Los miembros de la Iglesia somos invitados a esc...

CLAROSCURO (oración)

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DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO (Jer 20, 7-9; Sal 62, 2-9; Rom 12, 1-211, 33-36; Mt 16, 21-27)

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Cuando quien confía se encuentra con alguien que ama, la vida del que confía se llena de dones haciéndose más grande y no hay nada que no sea un motivo de alegría y gratitud; cuando el que ama se encuentra con alguien que confía, el primero se ensancha reduplicándose en una espirar de creatividad donde nace lo inimaginable. Pero ¿qué sucede cuando el que confía se entrega a aquel que no sabe amar porque no cree en el amor? ¿qué sucede cuando el que ama se encuentra con quien solo confía en su poder para dominarlo todo? Se ve entonces que la confianza y el amor tienen un lado luminoso, pero cuando se viven en espacios de desconfianza, posesividad y autoafirmación generan soledad y sufrimiento. Así pues, la confianza y el amor pueden hacer nacer en el mundo el paraíso y, a la vez, pueden crucificar al que vive de ellos. De este lado trágico del amor habla hoy el evangelio. Jesús, que trae la confianza y el amor de Dios para crear el paraíso, se adentra en los espacios del miedo de los ...

EVANGELIO Y REALIDAD (Pequeña meditación poética)

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