DOMINGO I DE CUARESMA (Gen 2, 7-9;3,1-7; Sal 50, 3-6.12-14.17; Rom 5,12-19; Mt 4, 1-11)
No hace falta ir al desierto para ser visitados por la tentación. La tentación nos sale al encuentro en nuestro camino al trabajo, al entrar en el mundo paralelo de internet, al tomar una caña con los amigos, al mirar nuestra agenda de trabajo o al pensar en el fin de semana. Así se presenta sin dar la cara, escondida, a caballo de la simple inercia. Porque, ¿qué hay que hacer para dejarse llevar por la indiferencia, para aceptar la solicitud de una página pornográfica, para vivir a golpe de la imagen y el me gustas, para aceptar comentarios calumniosos o injustos de los amigos sobre terceras personas, para vivir el fin de semana como un simple desahogo o un perezoso standby , para conformarse con trabajar lo justo sin dar lo mejor de nosotros mismos? Pues nada, solo dejarse llevar. La tentación siempre nos da facilidades susurrándonos que elegirla nos hará bien. Pero el Señor nos invita a ir con él al desierto, a luchar, a escarbar debajo de la velocidad insensata y perezosa de l...