SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (Ap 11,19a; 12,1.3-6a.10ab; Sal 44, 10-12.16; 1Cor 15,20-27a; Lc 1,39-56)
En esta solemnidad de la Asunción de María, la Iglesia, casi como en la Ascensión del Señor, nos invita a mirar al suelo. Recordemos aquellos dos hombres con vestiduras blancas que dicen a los discípulos: “Galileos, ¿qué hacéis mirando al cielo?” (Hch 1,11) . La razón es que el cielo no es sino la misma creación participando de la vida de Dios, ese es su destino y esa es su plenitud. Eso significa que cielo y suelo no son excluyentes, como si dijéramos: el suelo no es el cielo y el cielo no es el suelo. Al contrario, la vida de Jesús nos dice que el cielo ya está en él y que conocemos el cielo aquí, en lo que es según Dios, según su amor exuberante y misericordioso. Esto es lo que permanecerá eternamente. He aquí el mensaje último de la Ascensión. En la fiesta de hoy es María, como signo de la Iglesia entera, la que nos lo muestra. “En aquellos días -dice el evangelio- se dirigió a la montaña”. Así empieza el evangelio, como apuntando al deseo último y permanente de María de ...