DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO (Is 55,6-9; Sal 144, 2-3.8-9.17-18; Flp 1, 20c-24.27a; Mt 20,1-16)
Cuando el Jesús del evangelio de Marcos explica por qué habla en parábolas afirma que lo hace para que los de dentro comprendan y los de fuera no y así se condenen (Mc 4,12). A primera vista suena muy duro, pero apunta a un elemento central del evangelio, a saber, que solo desde Cristo, desde su lógica, se entiende lo que dice y que fuera de ella sus palabras son solo causa de escándalo e incluso violencia, como podemos ver en la historia de nuestra Iglesia donde no siempre hemos sabido mantener unidas la palabra de Jesús y los sentimientos de su corazón. Así pues, cuando escuchamos la parábola de los contratados a distintas horas de este domingo, es necesario tener en cuenta el mundo interior de Jesús. La viña y la llamada al trabajo en ella representan (así lo sabía ya el pueblo de Israel) la llamada de Dios a participar en la tierra prometida que abre para su pueblo, ahora diríamos para participar en la belleza de la creación con el propio trabajo. Es ahí donde encontramos nuestro v...