DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO. (1Re 19, 9a.11-13a; Sal 84, 9-14; Rom 9, 1-5; Mt 14, 22-33)
Es necesario volver al final del capítulo 8 de la carta a los Romanos que leíamos el domingo pasado para entender de qué se está hablando en este evangelio de hoy que muestra a Pedro hundiéndose bajo el poder del mar. Recordemos: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? -decía Pablo- ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?”. Y podríamos añadir: ¿el paro?, ¿el desamor?, ¿el desprecio?, ¿la enfermedad mental?, ¿la falta de papeles?, ¿la vejez?, ¿el fracaso?, ¿el bullying ?… De todas estas cosas no siempre podemos librarnos y lo peor es que en ellas no siempre encontramos quien nos acoja, nos acompañe, nos defienda, nos solucione el problema. Además, seguramente, los que leamos esto no estamos en las peores situaciones que sufre la humanidad. ¿Qué sabremos nosotros?, nos podrían decir muchos. En cualquier caso, eso no obsta para que, a veces, sintamos que nos ahogamos con Dios delante sin que notemos que haga nada y, como Pe...