DOMINGO IV DE PASCUA (Hch 2, 14a.36-41; Sal 22, 1-5; 1Pe 2, 20-25; Jn 10, 1-10)
Muchas veces me quedan ganas de contradecir el evangelio, al menos alguna de sus afirmaciones que me parecen falseadas por la realidad que veo. Hoy es uno de esos días. Pero, no me gusta contradecirlo teóricamente, de ideas a ideas, sino discutir con el Señor hasta que me convenza. Hoy le diría: Señor, ¿es verdad que las ovejas siguen al pastor bueno porque conocen su voz; que a un extraño no lo siguen, sino que huyen de él, porque no conocen su voz o la identifican como voz mentirosa? Yo mismo, tú lo sabes, soy la prueba viviente de que no siempre es así. No nos pasa, en demasiadas ocasiones, como a las mujeres de algunas películas que les gustan los hombres malos que terminan por maltratarlas y sufren, además, un penoso síndrome de Estocolmo. Pero, quizá lo dices, Señor, porque conoces nuestro corazón mejor que nosotros mismos, y sabes que pese a todo anhela una mirada buena, un corazón acogedor y alentador, porque anhela encontrar a alguien olvidado de sí mismo que vea en nosotros u...