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DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO (Jer 20,10-13; Sal 68; Rom 5,12-15; Mt 10,26-33)

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El evangelio de hoy nos invita a no vivir del miedo a los demás. No tanto por lo que nos pueden hacer físicamente (“matar el cuerpo”), sino porque pueden sembrar la semilla de la destrucción en nuestra alma. Pero ¿cómo es posible que puedan hacer esto?  Estamos hechos para encontrarnos a nosotros mismos a través de la mirada de los otros. Desde el comienzo de nuestra vida nos reconocemos en su mirada. En ella aprendemos a valorarnos, a confiar en nosotros mismos, a intuir caminos de vida. Esa mirada es un reflejo de la mirada de Dios que nos crea con complacencia y, de esta manera, nos enseña a amar lo que somos y a buscar la grandeza de posibilidades que ha puesto en nosotros. Una mirada que nosotros hemos descubierto en Cristo. Pero, la mirada humana es ambigua, porque esconde expectativas irreales, exigencias desmesuradas o desconfianzas irracionales. Además, esconde en su interior miedos y envidias, y posee una sed de dominio (muchas veces sutil) que puede hacernos mucho daño. ...

Al caer el día (pequeña meditación poética)

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DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO (Ex 19,2-6a; Sal 99,2.3.5; Rom 5,6-11; Mt 9,36-10,8)

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En lo profundo de nuestra conciencia no es extraño que sintamos que no estamos a la altura de nosotros mismos y que, además, no es solo que no queramos (lo que a veces es verdad), sino que sentimos que no sabemos cómo hacerlo ni  tenemos fuerzas para conseguirlo. Bastaría con preguntarle a Eva o al mismo Caín para que nos contaran avergonzados que hubo algo que les dominó, que tuvo más fuerza que ellos y que les hizo perder el control. Esto sucede siempre en el pecado. No es que no sea nuestro, pero siempre hay un misterio escondido de dominio del mal sobre nosotros. Por eso es tan importante fijarse en la frase con la que empieza hoy la lectura de la carta a los Romanos: “Cuando estábamos aún sin fuerzas”. Esto es lo que ve en nosotros Jesús cuando nos mira, no a una panda de pecadores impenitentes, sino frágiles criaturas que no tienen fuerza para afrontar la vida en su mejor versión y se enredan en un laberinto de pasiones mortales que luego nos contagiamos entre nosotros. “Al v...

ME GUSTAN LAS SONRISAS (Pequeña meditación poética)

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DOMINGO DEL CORPUS CHRISTI (Dt 8, 2-3.14b-16a; Sal 103; 1Cor 10,16-17; Jn 6,51-58)

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Olvidemos, por un momento, lo espiritual y fijémonos en la simplicidad de la afirmación de Jesús: “Yo soy el pan”. Parece que no hay que mirar otro sitio, que no hay que fijarse en nada especial, que no hay que buscar revelaciones escondidas o manifestaciones especiales. Basta fijarse en lo que ya conocemos: “el pan nuestro de cada día”. Ese que nos espera en la mesa o que buscamos para que esté en ella; que no es tan elitista que no se junte con nada, sino que, incluso poseyendo una textura y un sabor propio, especialmente cuando está recién hecho, no le importa impregnarse de sabores que no son el suyo para hacerlos relevantes; que no pide nada, sino que se da del todo porque solo está ahí para sostener la vida de los que lo comen, y para reunir a los que lo ponen en la mesa como familia, como amigos. “Yo soy el pan” -dice-, no el hecho con masa madre, ni el multicereal, no el de formas atrayentes o el de pasas o nueces… solo el pan, sencillo y humilde, compañero discreto y básico, f...