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DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO (Ex 19,2-6a; Sal 99,2.3.5; Rom 5,6-11; Mt 9,36-10,8)

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En lo profundo de nuestra conciencia no es extraño que sintamos que no estamos a la altura de nosotros mismos y que, además, no es solo que no queramos (lo que a veces es verdad), sino que sentimos que no sabemos cómo conseguirlo y no tenemos fuerzas para conseguirlo. Bastaría con preguntarle a Eva o al mismo Caín para que nos contaran avergonzados que hubo algo que les dominó, que tuvo más fuerza que ellos y que les hizo perder el control de sí. Esto sucede siempre en el pecado. No es que no sea nuestro, pero siempre hay un misterio escondido de dominio del mal sobre nosotros. Por eso es tan importante fijarse en la frase con la que empieza hoy la lectura de la carta a los Romanos: “Cuando estábamos aún sin fuerzas”. Esto es lo que ve en nosotros Jesús cuando nos mira, no a una panda de pecadores impenitentes, sino frágiles criaturas que no tienen fuerza para afrontar la vida en su mejor versión y se enredan en un laberinto de pasiones mortales que luego nos contagiamos entre nosotros...

ME GUSTAN LAS SONRISAS (Pequeña meditación poética)

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DOMINGO DEL CORPUS CHRISTI (Dt 8, 2-3.14b-16a; Sal 103; 1Cor 10,16-17; Jn 6,51-58)

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Olvidemos, por un momento, lo espiritual y fijémonos en la simplicidad de la afirmación de Jesús: “Yo soy el pan”. Parece que no hay que mirar otro sitio, que no hay que fijarse en nada especial, que no hay que buscar revelaciones escondidas o manifestaciones especiales. Basta fijarse en lo que ya conocemos: “el pan nuestro de cada día”. Ese que nos espera en la mesa o que buscamos para que esté en ella; que no es tan elitista que no se junte con nada, sino que, incluso poseyendo una textura y un sabor propio, especialmente cuando está recién hecho, no le importa impregnarse de sabores que no son el suyo para hacerlos relevantes; que no pide nada, sino que se da del todo porque solo está ahí para sostener la vida de los que lo comen, y para reunir a los que lo ponen en la mesa como familia, como amigos. “Yo soy el pan” -dice-, no el hecho con masa madre, ni el multicereal, no el de formas atrayentes o el de pasas o nueces… solo el pan, sencillo y humilde, compañero discreto y básico, f...

CORRIENTE DE VIDA (oración)

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DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (Ex 34,4b-6.8-9; Dn 3,52-56; 2Cor 13,11-13; Jn 3,16-18)

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¡Qué duras suenan las palabras del evangelio de hoy!: “El que no cree en el Hijo ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios”. Como si se dijera que no creer es estar condenado. Y, sin embargo, la liturgia de este día nos invita a celebrar la fiesta de Dios como vida de relación acogedora en la que hemos sido recogidos para toda la eternidad. Es aquí donde la fe juega un papel esencial. Recuerdo un viaje en un tren en el que un padre se pasó dos horas de pie con su bebé en brazos (algo que habitualmente hacen las mujeres, quizá por eso quedó en mi memoria) intentando calmarlo para que pudiera dormir tranquilo. Pero no hubo forma. El viaje se terminó y el niño seguía sin sentir el cuerpo y el afecto de su padre como un lugar de protección y recogimiento donde descansar. ¡Qué dolor para el niño y que impotencia para el padre! ¡Qué pequeño infierno de vida! Algo le pasaba al niño que no podía descansar en el amor evidente de su padre. Algo se había colado en su...