DOMINGO IV DE CUARESMA (Sam 16, 1-13a; Sal 22, 1-6; Ef 5, 8-14; Jn 9, 1-41)
Después de leer el evangelio de este domingo queda claro que Jesús quería dar la vista a todos los personajes y no solo al que en principio parecía el único ciego. También necesitaban reencontrar la vista los fariseos y los discípulos que ni siquiera sabían que no veían bien. ¿Cuál es la causa de su ceguera? En primer lugar, la insensibilidad para el dolor ajeno, ese ensimismamiento en la propia vida que nos separa de la fraternidad con la que Dios quiere bendecirnos. Pero también, en segundo lugar, el peso del mal que nos abruma y que debilita la sensibilidad del corazón para la belleza de la vida, señal y anticipo de la gloria que un día recibiremos. En este sentido, a la pregunta ¿qué es la depresión?, Jesús Quintero comentaba: “Pues es un estallido de lucidez. Ver la prisa, la contaminación, el consumo, los unos devorando a los otros, los conflictos internacionales, la guerra, la miseria, el agobio, el hambre. Cuando se ve eso muy claro puede estallar una depresión. Si vives en l...