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DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO (Zac 9, 9-10; Sal 144, 1-2.8-9.10-11.13cd-14; Rom 8, 9.11-13; Mt 11, 25-30)

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Me paro en la primera frase del evangelio de hoy. Es suficiente para mí. Y me digo: ¡Qué poco tiene que ver el evangelio con nuestra vida, con su ritmo, con sus intereses, con sus perspectivas, con sus afanes! Lo oímos, pero ¿lo entendemos? ¿Sentimos que es una buena noticia para este mundo donde solo los grandes parecen representar la vida verdadera? Jesús se fija, sin embargo, en los pequeños y da gracias a Dios por ellos, porque han reconocido el espacio de la verdadera vida. Los pequeños, los que no intentan ser grandes o dominar todo a su alrededor, los que solo quieren vivir la simplicidad bella de la vida y compartirla. Los pequeños, los que no significan nada para las campañas publicitarias, los que apenas aparecen en las conversaciones, los que no son admirados ni comprendidos porque revelan lo que somos todos por dentro y no queremos aceptar. Los pequeños, los que evitan las comparaciones, los que no culpan a los demás intentando ocultar que son como todos, los que conocen su...

juntos (oración)

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DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO (2Re 4, 8-11.14-16a; Sal 88, 2-3.16-17.18-19; Rom 6, 3-4. 8-11; Mt 10, 37-42)

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Si algo da luz a la vida es el amor en sus diferentes formas, de tal manera que, una vez experimentado, todo lo demás sabe a poco. El amor lo experimentamos siempre como vida verdadera. Y es por esto que nos agarramos a cualquiera de las formas en las que lo vivimos, porque en ellas el tiempo se viste de algo parecido a una eternidad donde la vida es plena y el tiempo deja de existir. Es amor lo que necesitamos ( All you need is love , decían los Beatles) y, estamos tentados a afirmar, aunque nos suene un poco blasfemo y nuestros pensamientos lo digan con la boca pequeña, que es preferible incluso a Dios. Sin embargo, nuestra vida solo puede vivir el amor en el claroscuro de la historia; en el claroscuro de nuestras ambigüedades, de nuestras miserias; en el claroscuro de nuestra pobreza de ser que no puede hacer más que acogerlo y alimentarlo sin poder sostener esta vida nuestra donde acontece. Por eso, el amor y la tristeza están tan cerca, porque no hay amor verdadero que no contenga...

Reflexiones sobre la oración (A proposito del libro 'Fragmentos de oración')

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DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO (Jer 20,10-13; Sal 68; Rom 5,12-15; Mt 10,26-33)

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El evangelio de hoy nos invita a no vivir del miedo a los demás. No tanto por lo que nos pueden hacer físicamente (“matar el cuerpo”), sino porque pueden sembrar la semilla de la destrucción en nuestra alma. Pero ¿cómo es posible que puedan hacer esto?  Estamos hechos para encontrarnos a nosotros mismos a través de la mirada de los otros. Desde el comienzo de nuestra vida nos reconocemos en su mirada. En ella aprendemos a valorarnos, a confiar en nosotros mismos, a intuir caminos de vida. Esa mirada es un reflejo de la mirada de Dios que nos crea con complacencia y, de esta manera, nos enseña a amar lo que somos y a buscar la grandeza de posibilidades que ha puesto en nosotros. Una mirada que nosotros hemos descubierto en Cristo. Pero, la mirada humana es ambigua, porque esconde expectativas irreales, exigencias desmesuradas o desconfianzas irracionales. Además, esconde en su interior miedos y envidias, y posee una sed de dominio (muchas veces sutil) que puede hacernos mucho daño. ...