DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO (Ez 18,25-28; Sal 24,4-9; Flp 2,1-11; Mt 21,28-32)
Hace dos o tres meses leí la novela de Elif Shafak, Mis últimos 10 minutos y 38 segundos en este extraño mundo . Sus personajes representan todo lo que el orden de los justos llamaría miseria y degradación humana, el mundo de los ‘bajos fondos’, la vida marginal, la humanidad perdida. Pero, la novela describe como, justo ahí, en ese mundo de ‘prostitutas’ y seres humanos ‘despreciables’, se manifiesta una densidad de humanidad que está ausente en la vida social de los que representan el orden civilizado que los rodea. He recordado esta novela al leer el evangelio de hoy porque la sensación que me quedó al terminar su lectura fue la de haber contemplado la fraternidad de “prostitutas y publicanos” de la que Jesús habla, justo en ese lugar escondido que solo ve su mirada abierta y que se esconde a nuestra autocomplacencia. Más aún, me hizo preguntarme si esa fraternidad en medio de la miseria, la degradación y el dolor descritos en la novela no estaba más cerca del evangelio que esa otra...