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DOMINGO III DE PASCUA (Hch 2, 14.22-33; Sal 15, 1-2.5.7.8.9-10-11; 1Pe 1,17-21; Lc 24,13-35)

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Las palabras, como nuestra misma vida, no son simplemente la exterioridad de su pronunciación, de su significado inmediato, sino que poseen un espíritu interno que les viene dado por la intención de quien las pronuncia y por la forma que tiene de pronunciarlas. Esto significa que no siempre se las comprende inmediatamente al escucharlas, sino que se requiere, para hacerlas lugar de encuentro e intercambio de vida, una forma de escucha pausada, abierta, atenta, afectuosa con ellas que permite, incluso si están torpemente pronunciadas, reconocer la vida que quieren transmitir. Esto no sucede solo con nuestras palabras humanas, sino también con la palabra de Dios, esa que está escondida en el texto de la Escritura y que solo se escucha cuando se le dedica tiempo, con un corazón abierto y atento, con una disposición de ánimo reverente y disponible a sus indicaciones. También en esta palabra el Espíritu del Señor, su afecto por nosotros, sus indicaciones, están mezcladas con la torpeza de l...

Domingo II de Pascua (Hch 2,42-47; Sal 117,2-4.13-15.22-24; 1Pd 1,3-9; Jn 20,19-31)

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Siempre me ha llamado la atención el sobrenombre de Tomás: el mellizo. No sabemos si es histórico o si es un guiño del evangelista para identificarlo con la vida del lector. En este caso, sería mellizo nuestro, de cada uno. Y esto tendría sentido, pues todos y cada uno de los personajes de la Escritura son, a la vez, ellos mismos y nosotros, su historia es la suya y la nuestra. En el caso de Tomás se nos invita a confiar de forma sobreabundante, más allá del peso del mal y el pecado que han acabado con Jesús. Confiar a pesar de nuestras expectativas, de nuestros razonamientos, incluso de las evidencias, porque el Señor termina por entregarse a quien lo busca, aunque sea en una lucha de razonamientos que de inicio parecen negarlo y no tener espacio para él. En el evangelio de hoy, Tomás aparece junto a los otros discípulos cuando se reúnen a rememorar la presencia de Jesús y a orar. Lo hace incluso si aún no sabe o no puede creer porque el peso de la muerte y del odio sobre el cuerpo de...

DOMINGO I DE PASCUA (Hch 10,34a.37-43; Sal 117,1-2.16-17.22-23; Col 3,1-4; Jn 20,1-9)

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Todavía está oscuro, pero la losa de la muerte ya no pesa sobre la vida, aunque María no lo sabe  aún . La oscuridad del mundo, una y otra vez, parece tragarse la luz de la vida. Nunca han dejado de brillar chispas luminosas de vida que alentaban a los hombres y a las mujeres a reunirse y celebrar la fiesta de la creación, pero una y otra vez todo parecía no ser más que un soplo ligero, vanidad de un día, que siempre desembocaba en el torpor de una noche vacía.   Aunque también se soñaba allí, incluso en la noche del mundo saltaban chispas de luz, reflejo de una vida que se esperaba, que se imaginaba como patria feliz de todos, aunque al despertar todo seguía igual, el día era como la noche y contradecía siempre los sueños que querían alentar la vida. Y, sin embargo, los hombres no entierran sus sueños y se olvidan de ellos, no pueden enterrar la luz que han percibido fugazmente, porque les habita por dentro. Por eso, hacen monumentos a la luz, cada tumba (y las hay de muchas ...

VIGILIA PASCUAL'26. Poema a modo de homilía

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AMANECE EL SÁBADO SANTO (pequeña oración)

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