SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS (Apoc 7,2-4.9-14; Sal 23,1-6;1Jn 3,1-3; Mt 5,1-12a)
Vivimos cegados por el mal. Como si existiera una atracción en nuestros ojos y en nuestro pensamiento y en nuestro corazón hacia la vulgaridad y la desvergüenza, hacia la mentira, el desprecio, la humillación y toda clase de violencia. La mayor parte del tiempo no se trata de querer vivirlas, pero es como si nos gustara olerlas, mirarlas, comentarlas como si fuera lo central de la vida, especialmente de la de los demás. Ahora bien, esta atracción no nos deja ver la sustancia verdadera de la vida, que no es otra que la belleza del bien, que se expresa por todas partes, aunque sin ruidos Las sonrisas que nos dirigimos, los gestos de aliento y las palabras de consuelo, el trabajo duro para sacar adelante a los nuestros, el cuidado de los que preparan las cosas o los espacios que utilizaremos durante el día, la oración de unos por otros, los donativos que sostienen a tantas ONGs o el voluntariado discreto en ellas, el hacer bien lo que hay que hacer y el trato cuidadoso con las cosas, el r...