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DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO (Is 45, 1. 4-6; Sal 95, 1-10;1Tes 1, 1-5b; Mt 22, 15-21)

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Señor, alumbra mi corazón para que entienda los caminos del evangelio y haz que tus palabras no se queden solo entre mis pensamientos, sino que alcancen a ser el impulso confiado de mis pasos” . Demasiadas veces nos quedamos dando vueltas a ideas sobre la vida sin percibir que la vida no es para pensarla, sino para vivirla (aunque necesite ser pensada). También nos pasa esto con el evangelio. Por eso, de cuando en cuando, hoy lo hago yo, debemos pararnos y decirnos a nosotros mismos que no basta con meditar el evangelio, sino que debe ser llevado a la vida, que el evangelio busca hacerse confianza en medio de las oscuridades, fuerza para nuestra debilidad, compasión en nuestras relaciones, tabla de discernimiento en nuestras decisiones, esperanza en nuestros fracasos, libertad frente al conformismo. Sin esto no será realmente evangelio para nosotros. Por eso, hoy he querido dejar constancia de una oración que predispone mi corazón y el tuyo, si quieres, a acoger el evangelio como Vida ...

ORACIÓN (Fiesta de Santa Teresa de Jesús)

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DOMINGO XXVIII (Is 5, 1-7; Sal 22, 1-6; Flp 4, 12-14.19-20; Mt 22, 1-14)

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Jesús se da cuenta de que su ofrecimiento de un sitio en el Reino de Dios no es tenido en cuenta por amplios sectores del pueblo de Israel, en especial, por los más ricos y poderosos. Esto es lo que refleja la parábola del evangelio de hoy. Podríamos preguntarnos cuál es la razón de que tantas veces no percibamos que, en Jesús, Dios mismo abre la puerta de su vida plena, de su vida eterna, de su vida llena de vida. No lo dice claramente la parábola, aunque lo sugiere. Parecería que los bienes concretos que recibimos de Dios tienen más poder de atracción sobre nosotros que el ofrecimiento de su propia vida. Nos pasa como a esos niños que no caen en la cuenta de que detrás de todo lo que tienen y les hace felices, está la preocupación y el esfuerzo y el amor de sus padres para que lo tengan, y que lo preferible sería, entonces, tener siempre cerca la fuente de toda riqueza y no en la riqueza misma, tener siempre cerca la verdadera riqueza que son sus padres. Quizá sea esta la razón por l...

EN LA FIESTA DE SAN FRANCISCO (Pequeña meditación poética)

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DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO (Is 5, 1-7; Sal 79, 9.12.13-16.19-20; Flp 4, 6-9; Mt 21, 33-43)

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Quizá lo primero que es necesario entender de esta parábola de hoy es que no habla de los arrendatarios y jornaleros del pueblo de Israel, sino de todo el pueblo, especialmente de los que tienen una posición de poder y bienestar. Al escucharla podríamos preguntarnos, ¿por qué tanta saña con los enviados por el dueño de la viña? Si bien es verdad que necesitamos cierta dosis de poder y bienestar para vivir con serenidad, sobrepasado este nivel el poder no da seguridad, sino que crea miedo en el corazón del ser humano y el deseo de más poder para conservarlo. Lo mismo sucede con el bienestar que, cuando sobrepasa lo razonable, crea en el alma una necesidad angustiosa de incrementarlo de continuo. Es así como estas dos necesidades básicas, cuando se dejan campar a sus anchas, producen en el ser humano un ensimismamiento y una intranquilidad que no le deja disfrutar de la vida. Además, le ocultan que toda vida se apoya en lo recibido y que, por eso, solo se acrecienta no acumulando, sino h...