DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO (Is 58, 7-10; Sal 111, 1-9; 1Cor 2, 1-5; Mt 5, 13-16)
Demasiadas veces los cristianos nos diferenciamos por gestos devocionales que realmente no afectan a la vida, por añadidos religiosos que no aportan nada, salvo si son reconocidos como bienes de interés cultural. Pero Jesús no se refería a que nos dedicáramos a crear bienes de interés cultural y a hacerlos cada vez más espléndidos cuando nos llamó a ser sal de la tierra y luz del mundo. Si tenemos que cantar con gestos la alegría de nuestra fe, hagámoslo, que no es malo cantar el amor con la belleza de los gestos, pero con cuidado porque es fácil perder el sentido en ellos. Lo único que da sabor verdadero a la vida, lo que no deja que se estropee y se pudra es el evangelio, y solo cuando lo llevamos implantado en el corazón de la vida nos convertimos en lo que Jesús espera de nosotros. Esto no es opcional, y solo así el Señor puede hacer de nosotros sal y luz para el mundo. Necesitamos vivir en contacto continuo con el evangelio de Cristo, porque solo así su Espíritu nos contagia su fo...