NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA (Virgen del Canto en mi pueblo) (Mi 5,1-4a; Sal 12,6; Rom 13,8-10; Mt 1,18-23)
En la fiesta de la natividad de María el evangelio nos habla de su maternidad y, así, nacimiento y maternidad quedan unidas en un único misterio de vida. El nacimiento, salvo en estos tiempos tan dados al exhibicionismo es un acontecimiento íntimo, un acontecimiento casi escondido. No es extraño ya que, en él, la vulgaridad de la carne y la alegría de la vida requieren un cierto clima de pudor donde poder vivirse con naturalidad. Allí mismo aparece una llamada silenciosa que el recién nacido deberá dar a luz a lo largo de su vida, de igual manera, entre las sombras vulgares del mundo y sus anhelos y alegrías de esperanza. Del nacimiento de María no sabemos nada a no ser que nació con esta vocación de fecundidad escondida en su carne por la misma gracia de Dios. Nada lo pudo presagiar en aquel instante lo escondido, ni siquiera ella, que tuvo que aprender a reconocer en silencio y oración, allí donde se cruzan los ángeles de Dios con los humanos, la promesa de Dios para ella. Esta prome...