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DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO (Is 5, 1-7; Sal 79, 9.12.13-16.19-20; Flp 4, 6-9; Mt 21, 33-43)

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Quizá lo primero que es necesario entender de esta parábola de hoy es que no habla de los arrendatarios y jornaleros del pueblo de Israel, sino de todo el pueblo, especialmente de los que tienen una posición de poder y bienestar. Al escucharla podríamos preguntarnos, ¿por qué tanta saña con los enviados por el dueño de la viña? Si bien es verdad que necesitamos cierta dosis de poder y bienestar para vivir con serenidad, sobrepasado este nivel el poder no da seguridad, sino que crea miedo en el corazón del ser humano y el deseo de más poder para conservarlo. Lo mismo sucede con el bienestar que, cuando sobrepasa lo razonable, crea en el alma una necesidad angustiosa de incrementarlo de continuo. Es así como estas dos necesidades básicas, cuando se dejan campar a sus anchas, producen en el ser humano un ensimismamiento y una intranquilidad que no le deja disfrutar de la vida. Además, le ocultan que toda vida se apoya en lo recibido y que, por eso, solo se acrecienta no acumulando, sino h...

SUSURROS COTIDIANOS (oración)

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DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO (Ez 18,25-28; Sal 24,4-9; Flp 2,1-11; Mt 21,28-32)

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Hace dos o tres meses leí la novela de Elif Shafak, Mis últimos 10 minutos y 38 segundos en este extraño mundo . Sus personajes representan todo lo que el orden de los justos llamaría miseria y degradación humana, el mundo de los ‘bajos fondos’, la vida marginal, la humanidad perdida. Pero, la novela describe como, justo ahí, en ese mundo de ‘prostitutas’ y seres humanos ‘despreciables’, se manifiesta una densidad de humanidad que está ausente en la vida social de los que representan el orden civilizado que los rodea. He recordado esta novela al leer el evangelio de hoy porque la sensación que me quedó al terminar su lectura fue la de haber contemplado la fraternidad de “prostitutas y publicanos” de la que Jesús habla, justo en ese lugar escondido que solo ve su mirada abierta y que se esconde a nuestra autocomplacencia. Más aún, me hizo preguntarme si esa fraternidad en medio de la miseria, la degradación y el dolor descritos en la novela no estaba más cerca del evangelio que esa otra...

ORACIÓN NUESTRA DE CADA DÍA (Pequeña meditación)

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