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Mostrando las entradas etiquetadas como Pequeñas reflexiones

ABURRIMIENTO (Pequeña meditación poética)

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APRENDIZ DEL SILENCIO (Oración)

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TELAS DE ARAÑA (pequeña meditación poética)

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SEMILLAS SUSPENDIDAS (pequeña meditación poética)

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Fiesta de la ascensión (pequeña meditación poética)

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LOS PÁJAROS, SIEMPRE (pequeña meditación poética)

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In memoriam. Javier Prieto

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PALABRAS (pequeña meditación poética)

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Todo ángel es terrible (pequeñas meditaciones poéticas)

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LAS CUARESMAS DESÉRTICAS DE LA VIDA

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JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA . Saludo

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No dejarse intimidar por el pecado

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Año nuevo 2026

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Adviento'25. Pequeña meditación

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Memoria de María Magdalena (Jn 20, 11.18)

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Se me dio un lugar

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Lo que no me gusta del papa. Artículo de Vida nueva nº 3.415

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LO QUE NO ME GUSTA DEL PAPA Reflexiones sobre el ministerio petrino  Ver aquí 

Fiesta de la Santísima Trinidad. Meditación pictórica

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DOMINGO V DEL TIEMPO DE PASCUA. CICLO C (Hch 14, 21b-27; Sal 144, 8-13; Apoc 21, 1-5a; Jn 13, 31-35)

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“Para alabanza y gloria de su nombre”, del nombre de Dios, para esto celebramos la eucaristía. Pero dicho así no suena muy bien, pues parece que nos asimilamos a los que gritan y sacan las banderitas y aplauden al político o al famoso de turno, y terminan por no ser más que una parte del decorado para regodeo de los que solo quieren de ellos la admiración. En la oración litúrgica, sin embargo, a esta frase se añade la expresión “para nuestro bien”. Y es que la gloria de Dios se revela cuando su presencia da vida y vida en abundancia, cuando nos rescata con su fuerza misericordiosa y su perdón de las miserias en las que estamos entrampados, cuando al alentarnos con su mismo Espíritu sale de nosotros lo mejor que se esconde en nuestro interior y no conocemos por vivir ensimismados, cuando la tierra aparece como hogar de todos y se puede vivir sin miedo porque todos son acogidos por todos en la mesa común que Dios quiere hacer de la creación. Por eso, aclamar al Señor, a este Dios manif...

TRAS LA MUERTE DE JAVIER. Compañero de presbiterio.

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Así como la alegría apenas necesita ser pensada, la tristeza abre preguntas abismales y no se puede sufrir sin pensar, sin que el dolor mismo levante en nuestros pensamientos dudas, quejas, interrogantes sobre la sustancia de este mundo que, por momentos, se hace cruel sin ninguna razón. Este, en el que vivimos la muerte de Javier, recién ordenado, es uno de ellos. Cuando los cristianos vamos a la Escritura a buscar consuelo, no encontramos respuestas, encontramos hombres y mujeres que han sufrido ante Dios clamando a él con palabras, con lágrimas, con silencios y con gritos, sin encontrar habitualmente más que una presencia que acogía su dolor y abría una promesa que ayudaba a resistir confiando por encima de toda razón. ¿No rezamos así los cristianos ante la cruz? Como ahora Javier, hace veintiocho años, Valentín, otro cura de esta diócesis de mi curso al que tantos queríamos y en el que la diócesis había puesto tantas esperanzas, se ahogó. Me resisto a creer que Dios tenía este pl...