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Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos apócrifos

Todo ángel es terrible (pequeñas meditaciones poéticas)

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Memoria de María Magdalena (Jn 20, 11.18)

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EL ESCAPULARIO (Relato breve para comenzar la novena del Carmen)

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Mañana de Corpus. Apócrifo

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Mañana de Corpus.  Apócrifo Habían venido de Jerusalén, de la herrería más famosa de todas las que estaban dispersas por las ciudades estado de aquella zona. Saúl no se conformaba con ser el señor de Israel, el más alto y fuerte, quería hacer brillar su poder, aparecer revestido de una luz divina y por eso trajo a aquellos artesanos que convertían el metal de la tierra en vestidos de luz y fuerza. Después de dos largos meses le entregaron la coraza esperada. Henchido de orgullo, convocó al pueblo en el palacio que había construido en Gabaón y, vestido de la presencia que le daba aquella armadura, salió a la terraza a saludar a todos, o más bien a que todos le saludaran a él. Les pareció que el cuerpo de Saúl se había trasfigurado cuando la luz del sol reposó sobre él. Sin embargo, en aquel mismo momento se le encogió el corazón cuando le comunicaron que el enemigo estaba frente a las murallas de la ciudad. Un enemigo mucho más...

Cuento a modo de meditación. DOMINGO DE PENTECOSTÉS.

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LA NOCHE DE PENTECOSTÉS I. No entendía cómo había pasado, pero un día se había despertado teniendo que hacer esfuerzos para respirar. Nunca lo había pensado, respiraba y ya está. ¿Acaso alguien piensa en respirar? Se respira y basta. Pero ahora no. Desde aquella mañana necesitaba poner voluntad para poder hacerlo. Por eso, cada vez más se había obsesionado y tenía miedo de que, antes o después, su voluntad no fuera suficiente para realizar aquel acto antaño tan simple. II. Esperó a dejar de prestar atención a lo que sucedía a su alrededor. Qué importaba si él mismo estaba siempre a un paso de perder el aliento. Apenas encontraba aliciente en lo que hacía poco eran sus rutinas más queridas y había perdido la serenidad necesaria para contemplar sereno el fluir cotidiano de las cosas y las personas que hacían de su vida algo evidente y bueno. III. Visitó varios médicos con miedo a la palabra cáncer, pero ninguno encontró en los muchos análisis que le hicieron nada extraño, ninguno alcanzó...

Los ángeles de la noche (cuento de Navidad)

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En  este link puedes leer el cuento de Navidad que he escrito para el Adviento-Navidad de este año: Los ángeles de la noche . https://www.entretiempodefe.es/losangelesdelanoche.pdf Ojalá que la celebración de la Navidad traiga un poco de esperanza a las pesadillas que habitan nuestro corazón y el corazón del mundo. 

Apócrifo (pascual) de la 'Vida de María, la de Magdala'

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Le gustaba andar en soledad, sobre todo en esa soledad donde él estaba siempre cerca, aunque anduviera a lo suyo, ocupándose de los demás. Le gustaba hasta el punto de sentir que esa soledad era su vida. Pero ahora, sentada en el suelo frente a la entrada clausurada de la tumba, no sabía qué pensar. Tenía el recuerdo vivo de aquella pregunta que un día él le dirigió: ¿Tú crees? Pero ahora no sabía qué creer, ni siquiera sabía si esa pregunta seguía viva en su interior o había muerto con él, y solo era un eco espasmódico de la vida que ya no estaba.   Había llegado antes del amanecer y, ahora, la luminosidad de la mañana, que quería ocuparlo todo, luchaba con la oscuridad de la tumba que se había hecho densa en su interior; el recuerdo del sudor agónico del rostro herido de su amado competía con el brillo del rocío que todo lo adornaba; aquella soledad envuelta en gritos que no había podido acompañar rivalizaba con esta otra consolada por el trino de los pájaros que...

BUSCADORES Y PERDIDOS. Pequeña historia de Adviento

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Vinieron al centro de nuestra ciudad buscadores del mesías, porque alguno todavía queda. Y nos preguntaron: ¿Dónde nacerá?, como antaño habían preguntado a Herodes y como antaño este había preguntado a los sabios del pueblo que debían guardar la sabiduría que Dios había comunicado a lo largo de la historia. Y, aunque se habían olvidado, finalmente encontraron las referencias: Escondido, en un pueblo al que solo se llega abandonando las luces y el poder, la diversión y la ambición… que adormecen lo que de verdad necesita el alma. Lo recordaron, pero no se movieron, porque ya tenían sus ritos para estar con él y les iba bien, incluso si se quejaban continuamente de la vida de esa loca ciudad. Así que los buscadores, dicen que tres magos o reyes o vete tú a saber lo que eran, retomaron el camino solos, convencidos de que todo el despliegue social y político e incluso religioso que habían encontrado en honor del Salvador no le dejaba sitio para nacer. ¡Todo estaba tan lleno de sí! Y ...

UNA DE CINCO. Apócrifo de la transverberación de Santa Teresa.

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Siempre había sido un poco soñadora, al punto de que en no pocas ocasiones la habían llamado la atención porque se quedaba como ida, fuera de lugar, sin que las conversaciones que la rodeaban o los ruidos que se producían la inmutaran. Y se decían: A dónde llegará, si parece que vive en otro mundo esta chiquilla. Y ahora estaba allí, en un duermevela inquieto, a la espera del señor que se hacía esperar. No estaba sola, la acompañaban otras jóvenes venidas de los cuatro rincones del reino que estaban repartidas por la casa cada una con sus ajuares, cada una al cuidado de sus galas para impresionar a aquel señor con el que todas, alguna vez en la vida, había soñado mezclando el deseo y el miedo. Nadie supo quién gritó la primera, pero no hizo falta mucho más para que el trajín se apoderara de la casa y todas se adornaron con sus mejores ropas y los aceites que habían traído de sus casas. También ella lo hizo, aunque al asomarse por la ventana y ver el porte majestuoso del señor quedó par...

Soy yo, ¿no me conoces? (Viernes Santo)

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Había venido al jardín donde nos conocimos, donde el gozo de antaño se había transformado para él en agonía, y allí nos esperaba. Había convivido con nosotros desde el principio y nos conocía como a su propia carne, como nosotros debíamos conocerle a él. Nos esperaba y nosotros, vencidos por el miedo, íbamos armados como al encuentro de un enemigo. ¿Por qué si le conocíamos? ¿Por qué si sabíamos que era la fuente de la vida?   Y le preguntamos, como si no lo supiéramos: “¿Eres tú?” Y con esa expresión íntima de quien no necesita decir el nombre porque es el de siempre, respondió: “Soy yo”. Y retrocedimos, sin saber por qué, como si no estuviéramos preparados para tanto amor, como si no estuviéramos preparados para un encuentro en la verdad. Y caímos a tierra y nos mezclamos con ese barro infecundo que ha perdido su futuro porque se deshizo de las manos del alfarero que imprimía su belleza en él. Y se quedó solo, más solo aún, solo en una espiral de distanciamiento e indiferenci...

El amor fraterno y el ángel exterminador (Jueves Santo)

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Hoy, Jueves Santo, en el día que llamamos de amor fraterno, nos haces escuchar que los que estén fuera de la casa marcada con sangre serán eliminados por el ángel exterminador. Y en el extrañamiento y distancia con los que acojo este texto me vas guiando para entender que entiendo mal, que si miro con los ojos de los hijos de Babel siempre entenderé que hay bandos, que están los míos y los otros, los de tu casa y los de fuera; y leído el texto así no habla con palabras de tu baca, sino con las del ídolo creado por un corazón herido de pecado. Y me muestras una casa donde han sido invitados todos los vecinos, todos los prójimos, como dice el texto que hay que hacer; una mesa donde están todos invitados, también los que tienen un corazón tentado de traición, de estar en uno u otro bando. Y me muestras una sangre que los cubre a todos porque todos tienen las manos manchadas, una sangre que ya no acusa a sus hermanos sin embargo, sino que fluye como sangre de vida nueva empujada a borboton...

NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR. Ciclo C (Is 9, 1-6; Sal 95, 1-3.11-13; Tito 2, 11-14; Lc 2, 1-14)

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LUCÍA. UNA HISTORIA DE ADVIENTO (y 6) Desde aquel día en que Lucía había decidido no encender una luz artificial para acercarse a Dios y dejar que fuera Dios mismo quien se dijera en medio de la oscuridad, todo había cambiado mucho. A medida que había abierto hueco en el espacio oscuro de su interior, primero con miedo y luego con algo más de confianza, la luz había ido apropiándose de ella y se encontraba más llena. Pero, ¿llena de qué? Ella misma no sabía que responder muy bien, pero lo cierto es que sentía una fecundidad naciente que nunca se agotaba y que atraía a muchos. De hecho, en su portal siembre había alguien, impregnado de oscuridad, que llegaba atraído por un rumor de luz que se extendía por el barrio. Y todos hablaban de ella como una luz guía que daba algo que no se podía explicar y que hacía nacer algo que todos descubrían que llevaban dentro. De esta manera Lucía se hizo más famosa que Juana que la miraba admirada y alegre de que los caminos de muchos, junto a aque...

IV DOMINGO DE ADVIENTO. Ciclo C. (Miqueas 5, 1-4a; Sal 79, 2ac.3b.15-16.18-19; Heb 10, 5-10; Lc 1, 39-45)

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LUCÍA. UNA HISTORIA DE ADVIENTO (5) “Cuanto más vieja, más pelleja”. Pocas veces le había impresionado más esta expresión que cuando al salir de casa Lucía se la oyó gritar a uno de entre un grupo de hombres al ver pasar a Mabel, una prostituta sucia y entrada en años que ahora vivía en una casa abandonada llena de mugre y de indiferencia. La frase había terminado entre las risas de los oyentes, mientras aquella mujer seguía su camino, absorta en un mundo desconocido que ahora la habitaba y nadie conocía. Su vida se había gastado en nada, perdida entre el deseo y el desprecio de los hombres. Lucía no pudo evitar recordar el canto ‘I dreamed a Dream’ de Fantine en el musical  Los miserables . Ella creía que le había conmovido, pero no era así, seguía sin acercarse a Fantine, a Mabel, que seguía sin ver cómo nadie se acercaba a ella.   Entonces, como en un acto reflejo, volvió a casa, sacó un bote con caldo que tenía en la nevera, y después de calentarlo lo pasó a un termo y...

III DOMINGO DE ADVIENTO. Ciclo C. (Sof 3, 14-18a; Salmo: Is 12, 2-6; Filp 4, 4-7; Lc 3, 10-18)

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LUCÍA. UNA HISTORIA DE ADVIENTO (4)   Pasado un tiempo, Lucía empezó a notar que no era no era oro todo lo que relucía. Al principio no lo quería creer, pues lo encontrado era demasiado bueno como para dar un mal paso y perderlo. Pero era evidente que también allí, en ese hogar de vida, se tenían que levantar palabras contra la oscuridad que no querían dejar fuera los que allí llegaban. Alguna vez sufrió Lucía exigencias abusivas y tuvo que soportar malas formas, e incluso en una ocasión creyó sentir que la extorsionaban. En esas ocasiones buscaba aferrarse a Juana hasta que un día esta le dijo con una aparente displicencia que le dolió: “Suéltame, no soy tu flotador. Si ya has visto la luz, déjate quemar por el fuego”. Pero Lucía no entendió qué quería decirle y pasó un tiempo sin volver, defraudada y con el sentimiento de que la luz que había experimentado era solo una ilusión. Una tarde, mientras hablaba con algunos amigos, en una de esas conversaciones que entran en buc...

FESTIVIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA (Gen 3,9-15.20; Sal 97,1-4; Ef 1,3-6.11-12; Lc 1, 26-38)

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LUCÍA. UNA HISTORIA DE ADVIENTO (3) Un día encontró Lucía la casa de la fraternidad, lo hizo después de muchos encuentros con los que vivían en ella aun sin saberlo. Un lugar donde podía descansar acompañada, que la recogía como un regazo materno siempre preñado de vida por repartir; un lugar donde las puertas estaban abiertas y donde no había nada que robar porque todo estaba dado.    Nada diferenciaba ese lugar de otros, al menos por fuera. Incluso podía parecer un espacio menor porque no sobresalía en su entorno, más aún, si te descuidabas podías pasar de largo sin verlo. Como una ermita tragada por los rascacielos del lugar.   Cuando Lucía entró aquel día, una luz le atravesó el interior y le hizo sentir su pertenencia a los amados del Señor, de ese Señor que apenas se dejaba ver y que, aun así, ensanchaba la vida envolviéndolo todo con su gracia. Allí se reunían todos y allí todos parecían ventanas abiertas a la luz, inmaculados no por su historia, sino por un poder ...

II DOMINGO DE ADVIENTO. Ciclo C. (Ba 5, 1-9; Sal 125, 1-6; Filp 1, 4-6.8-11; Lc 3, 1-6)

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LUCÍA. UNA HISTORIA DE ADVIENTO (2) Y así fue como Lucía fue entrando cada día un poco más en la oscuridad con esa pequeña oración como compañera. Y, mientras atravesaba los miedos a la soledad y a la impotencia que allí surgían, se dio cuenta de que la vida empezaba a dejar de pesarle tanto y que la esperanza se iba adueñando de ella. Cuando salía a la luz del mundo no le daba, como antes, por quejarse de continuo y criticar lo mal que estaba todo, sino que, aun con dolor, aceptaba la realidad al tiempo que la presentaba a Dios con confianza. Y sintió que iba entrando en una fraternidad nueva, una fraternidad de hombres y mujeres invisibles para un mundo que se agarra al presente, pero que se le iba revelando como verdadera comunidad de vida. Juana mismamente, que vivía de un futuro de reconciliación, y por eso a los que se acercaban a ella con malas formas los envolvía con un bautismo de paz y de perdón. O a aquellos otros que en cualquier esquina hacían el camino de los demás más ...

I DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO C (Jer 33,14-16; Sal 24; 1Tes 3,12–4,2; Lc 21,25-28.34-36)

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LUCÍA. UNA HISTORIA DE ADVIENTO (1) Lucía había comprado una vela grande para encenderla mientras rezaba aquel Adviento. Y al caer la tarde del sábado, sola en casa, la encendió, se sentó en un cojín en el suelo y se dispuso a leer el evangelio de aquel primer domingo. Y sucedió que mientras leía aquel texto antiguo que ya casi no creían ni los que lo predicaban, las palabras empezaron a recolocarse y cobrar una nueva vida. “Mirad -escuchó de boca de Jesús-, mirad los signos en los techos de las calles, las luces, las estrellas que no dejan ver el cielo.  Mirad las gentes correr, enloquecidas por el estruendo de las redes encrespadas que inundan, que anegan los corazones. Mirad cómo corren sin aliento ocultando el miedo a contemplar que todo pasa, intentando agarrar el tiempo a golpe de emoción. Mirad y despertad del sueño, separaros de la luz. Sabed que ha empezado el fin del mundo, que ha empezado la caída en el abismo de la nada y por eso la nada se viste de todo intentando sost...

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS (Mt 5, 1-12a). Bienaventuranzas para alentar una santidad a medio camino.

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Bienaventuranzas para alentar una santidad a medio camino .   Bienaventurado tú si alguna vez quedaste embobado escuchando, como María a los pies de Jesús, sus palabras de vida y las guardaste en tu corazón para revivirlas de cuando en cuando. Bienaventurado tú si te afanas por servirle en los demás, aunque como a Marta Jesús tenga que frenarte para que comprendas que es sobre todo Dios quien se afana en servirte a ti. Bienaventurado tú si dejas que Jesús, como hizo con Lázaro, visite los lugares oscuros en los que la muerte te domina y dejas que otros te ayuden a arrancar los velos de muerte que te atan. Bienaventurado tú si, aunque te sientas pequeño e indigno como la hemorroísa, te acerques con fe a tocar su manto encendiendo una vela o presentando una pequeña oración a sus pies y eso te da fuerzas para seguir tu camino. Bienaventurado tú si a pesar de tus miedos buscas a Jesús, aunque sea de noche y a escondidas como Nicodemo, esperando encontrar la luz y la fuerza...

Apócrifo de Adán y Eva

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«Cuando Adán comenzó a caminar fuera del paraíso, entristecido por la pesadumbre del mundo, por sus engaños, por las heridas que le causaba, no dejaba de preguntarse: ¿Era tan pequeño el amor de Dios por nosotros que nos ha abandonado a nuestra suerte en este mundo adverso? ¿Tan grande fue nuestro pecado que ya no nos visita? Y el color gris de su alma iba contagiando los paisajes que atravesaba. Sin embargo, cuando caminando sentía la ternura de la mano de Eva entrelazada con la suya, el peso con el que cargaba su alma parecía aligerarse. Lo mismo ocurría cuando escuchaba las melodías con que los pájaros despertaban la mañana. Incluso un día se desató el nudo de su garganta y consiguió acompañarlos con un silbido suave. Desde entonces la música pasó a ser consuelo y gozo en medio de sus aflicciones. Algunas mañanas vencía la pereza que le provocaba enfrentarse al duro trabajo de la tierra porque le gustaba ver desperezarse los primeros brotes de vida que asomaban en los surcos que t...