Hoy, Jueves Santo, en el día que llamamos de amor fraterno, nos haces escuchar que los que estén fuera de la casa marcada con sangre serán eliminados por el ángel exterminador. Y en el extrañamiento y distancia con los que acojo este texto me vas guiando para entender que entiendo mal, que si miro con los ojos de los hijos de Babel siempre entenderé que hay bandos, que están los míos y los otros, los de tu casa y los de fuera; y leído el texto así no habla con palabras de tu baca, sino con las del ídolo creado por un corazón herido de pecado. Y me muestras una casa donde han sido invitados todos los vecinos, todos los prójimos, como dice el texto que hay que hacer; una mesa donde están todos invitados, también los que tienen un corazón tentado de traición, de estar en uno u otro bando. Y me muestras una sangre que los cubre a todos porque todos tienen las manos manchadas, una sangre que ya no acusa a sus hermanos sin embargo, sino que fluye como sangre de vida nueva empujada a borboton...