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Mostrando entradas de mayo, 2026

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (Ex 34,4b-6.8-9; Dn 3,52-56; 2Cor 13,11-13; Jn 3,16-18)

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¡Qué duras suenan las palabras del evangelio de hoy!: “El que no cree en el Hijo ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios”. Como si se dijera que no creer es estar condenado. Y, sin embargo, la liturgia de este día nos invita a celebrar la fiesta de Dios como vida de relación acogedora en la que hemos sido recogidos para toda la eternidad. Es aquí donde la fe juega un papel esencial. Recuerdo un viaje en un tren en el que un padre se pasó dos horas de pie con su bebé en brazos (algo que habitualmente hacen las mujeres, quizá por eso quedó en mi memoria) intentando calmarlo para que pudiera dormir tranquilo. Pero no hubo forma. El viaje se terminó y el niño seguía sin sentir el cuerpo y el afecto de su padre como un lugar de protección y recogimiento donde descansar. ¡Qué dolor para el niño y que impotencia para el padre! ¡Qué pequeño infierno de vida! Algo le pasaba al niño que no podía descansar en el amor evidente de su padre. Algo se había colado en su...

TELAS DE ARAÑA (pequeña meditación poética)

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VEN, ESPÍRITU SANTO. ANIDA

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DOMINGO DE PENTECOSTÉS (Hch 2,1-11; Sal 103; 1Cor12,3b-7.12-13; Jn 20,19-23)

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Cuando entramos en un ataque de angustia porque algo nos descompone hasta hacernos perder el dominio sobre nosotros mismos, los psicólogos recomiendan hacer más profunda la respiración. Incluso se ha creado la regla 4-7-8 (inhalar contando 4, retener la respiración contando 7 y exhalar contando hasta 8). Así el cuerpo se pausa y consigue recomponerse hasta desactivar la angustia que produce la situación, aunque esta siga ahí. La respiración de la fe es algo similar, pero más radical. Hoy, en el evangelio, cuando los discípulos están atravesados por el miedo y la angustia de la soledad, la confusión o el fracaso, también por su traición y pecado, Jesús resucitado les hace mirar sus llagas, como si quisiera llevarlos más hondo en la experiencia y la comprensión de la contradicción del mundo. Pero lo hace exhalando su Espíritu sobre ellos, de forma que esta contradicción quede situada en un marco donde no tiene un poder definitivo, su propia vida resucitada. De esta manera, aunque nada pa...

Semillas suspendidas (pequeña meditación poética)

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Hacia Pentecostés: Ven Espíritu consolador (oración)

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Fiesta de la ascensión (pequeña meditación poética)

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DOMINGO VII DE PASCUA. ASCENSIÓN DEL SEÑOR (Hch 1,1-11; Sal 47,2-3,6-9; Ef 1,17-23; Mt 28,16-20)

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Justo en el momento en que, celebrando la ascensión del Señor, miramos hacia arriba con esa melancolía que produce la imposibilidad de quitarse de encima el peso de la existencia, la estrechez que supone la parcialidad de la vida, las contradicciones con las que estamos marcados en nuestro interior; entonces, el evangelio nos dice que Jesús no se ha ido, que está aquí, con nosotros, hasta el fin del mundo. Pero ¿para qué querríamos que estuviera Jesús con nosotros si no vamos a ninguna parte, si al final este mundo que amamos se termina sin superar su contradicción? ¿No es esto lo que tristemente recuerda ese refrán que dice: “nadar, nadar, para morir a la orilla”?  Pero, podemos pensar la ascensión de otra forma. Jesús no se va a otro sitio, a eso que imaginamos como cielo, sino que eleva el suelo a otra dimensión. Porque, ¿qué es el suelo para él?, ¿qué es este suelo donde puso sus pies divinos? Para él, el suelo es el tacto del barro convertido en lavatorio de los pies: en afect...

Los pájaros, siempre (pequeña meditación poética)

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DOMINGO VI DE PASCUA (Hch 8, 5-8.14-17; Sal 65, 1-3a.4-5.6-7a.16.20; 1Pe 3, 15-18; Jn 14, 15-21)

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Cuando Juan habla de ‘mundo’, como hace en el evangelio de hoy, se refiere habitualmente a la vida de los hombres degradada por el poder de la mentira y de la violencia (Jn 8,44). Pero para entender esto hay que remontarse un poco más atrás. La experiencia común es que nuestra vida es limitada, débil, frágil, vulnerable. No significa esto que sea mala, pero es difícil de vivir en muchas ocasiones. Para afrontar esta situación hemos sido puestos unos en manos de otros, para que ese espacio esté habitado por una presencia que, con su afecto, su preocupación y su cuidado, nos haga sentirnos seguros. De esta manera la vida en su pobreza se llena de riqueza. No es fácil entenderlo porque entremedias se cuela el miedo a que este abrazo de los demás no llegue o no sea suficiente, que es lo normal. La reacción, entonces, a este miedo es pensar que la fragilidad y la pequeñez son malas, incluso un castigo, y que hay que superarlas como sea. Y este ‘como sea’ se convierte en hacernos fuertes fre...

Resucitar antes de resucitar

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In memoriam. Javier Prieto

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DOMINGO V DE PASCUA (Hch 6, 1-7; Sal 32, 1-2.4-5.18-19; 1Pe 2, 4-9; Jn 14, 1-12)

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“No os inquietéis. En la casa de mi Padre hay sitio para todos. Yo prepararé ese sitio y vosotros podréis vivir en paz allí”. Sintetizo las palabras del evangelio a mi manera y me pregunto: ¿Quién puede pronunciar estas palabras de manera creíble y verdadera? Es decir, ¿quién puede asegurar un lugar de paz para todos?, y ¿cómo ha de hacerlo para que le creamos? La única manera es que el que las pronuncia se convierta en un espacio de acogida en el que los que le escuchan puedan reposar sus afanes, sus miedos, sus sufrimientos, sus dudas, sus miserias y, a la vez, sepan recogidas y protegidas sus alegrías y sus logros. Que, en el mismo instante en que pronuncia estas palabras, ofrezca un horizonte de esperanza en el que nada quede marcado por la estrechez del pasado o del presente, sino por una mirada que ama la profundidad de lo que somos como amados de Dios y el futuro que en ese amor somos. Es decir, estas palabras solo pueden ser creíbles cuando se hacen cuerpo de vida en quien las ...