Así como la alegría apenas necesita ser pensada, la tristeza abre preguntas abismales y no se puede sufrir sin pensar, sin que el dolor mismo levante en nuestros pensamientos dudas, quejas, interrogantes sobre la sustancia de este mundo que, por momentos, se hace cruel sin ninguna razón. Este, en el que vivimos la muerte de Javier, recién ordenado, es uno de ellos. Cuando los cristianos vamos a la Escritura a buscar consuelo, no encontramos respuestas, encontramos hombres y mujeres que han sufrido ante Dios clamando a él con palabras, con lágrimas, con silencios y con gritos, sin encontrar habitualmente más que una presencia que acogía su dolor y abría una promesa que ayudaba a resistir confiando por encima de toda razón. ¿No rezamos así los cristianos ante la cruz? Como ahora Javier, hace veintiocho años, Valentín, otro cura de esta diócesis de mi curso al que tantos queríamos y en el que la diócesis había puesto tantas esperanzas, se ahogó. Me resisto a creer que Dios tenía este pl...
Una de las características del Señor que llega es que no necesita ningún espacio especial para encontrarse con nosotros. El nos busca allí donde estamos, porque solo viene a dar cumplimiento a lo que somos. Así se muestra de continuo en el evangelio, Jesús no espera que vayan a él, el se acerca a donde los hombres están viviendo su vida para que encuentren su verdad última. Basta recordar lo que le dice a Zaqueo: “Hoy tengo que comer en tu casa”. Y, sin embargo, el evangelio, tal y como se nos proclama hoy, está precedido de una necesaria visita al desierto. Se trata de aquel lugar donde nada nos distrae, ni imágenes, ni voces, ni sonidos; aquel lugar donde aparece el verdadero y último deseo de vida; aquel lugar donde podemos advertir que tenemos la vida retenida por demasiados miedos, demasiadas complicaciones, demasiados cachivaches, demasiados enfrentamientos; aquel lugar que invita a vivir lo básico, a vivir por un momento de forma minimalista en este mundo de excesos, en un minim...
¿Qué queda si te lavas la cara y desaparece el maquillaje, o si dejas de utilizar desodorante?, ¿qué sucede si la ropa que más te gusta se apolilla, si el coche y el reloj que son tu orgullo no funcionan?, ¿qué pasa si pierdes la voz y no puedes hacer los chistes que tú sabes o asombrar a los que te escuchan con tus profundas reflexiones?, ¿qué pasa si te empiezan a fallar las piernas o si tus ojos pierden su visión?, ¿qué sucede si tienes que pasar el día sin tu smartphone o tu perro se muere?, ¿qué pasa si los amigos de la partida de siempre ya no están o los personajes de la tele que has hecho tus amigos te empiezan a aburrir?, ¿qué pasa si la misa ya no es lo que era porque el nuevo cura es un pesado sin sensibilidad o si pierdes aquel pequeño espacio sin ruidos que era el lugar de intimidad con Dios mismo?, ¿qué pasa si de repente nadie te entiende y te quedas más solo que la una porque los que te rodean están más a gusto dejándose llevar por la indiferente tranquilidad de este m...
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