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Mostrando entradas de diciembre, 2025

Fiesta de Santa María, Madre de Dios. Ciclo A. (Nm 6,22-27; Sal 66,2-3.5.6.8; Gal 4,4-7; Lc 2,16-21)

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Es curioso cómo en el evangelio de hoy son los pastores los que parecen mostrar a todos los que se encuentran alrededor del recién nacido lo que ha sucedido. ¿Es que es tan oscuro lo que está pasando? Los pastores, dice el texto, “contaron lo que se les había dicho de aquel niño y todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores”. Pero ¿es que no tienen delante el hecho mismo del que se habla? Incluso María parece necesitar meditar la situación y cada detalle para terminar de comprender. Y es que nunca Dios es tan claro como para fijarlo en una posición del mundo de manera indiscutible. Ni siquiera en el mismo Jesús. Siempre está la ambigüedad que requiere de la palabra amiga de quien se ha dejado movilizar por la mezcla del anuncio y el anhelo de su corazón. Siempre exige ir de la mano de otro y abrir el corazón para mirar el interior del hecho mismo, a su profundidad, a su sentido, a su promesa, a su invitación. Ha sido así como todos los cristianos, unos de...

Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo A. (Eclo 3,2-6.12-14; Sal 127,1-5; Col 3,12-21; Mt 2,13-15.19-23)

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Es curiosa la mala fama que tiene Egipto en la Escritura, como si los momentos de tiranía y opresión lo ocuparan todo. Sin embargo, es la tierra que acoge a las tribus de Israel cuando están pasando hambre convirtiéndose para ellas en una especie de tierra prometida. A la vez, en el evangelio de hoy, aparece como una tierra de protección de Jesús y su familia contra la persecución de un tirano, un lugar de hospitalidad para los refugiados que huyen del poder violento. Esto quizá quiera decir que, incluso cuando nos mostramos miserables, no perdemos la posibilidad de volver a lo que realmente somos, tierra de vida unos para otros. Es esto lo que se manifiesta habitualmente en la familia, que está llamada a ser tierra donde crecer acogidos, protegidos, alentados. Incluso si casi nunca es así del todo, esta es su misión y esto es lo que esperamos de ella, por eso nos enfadamos tanto cuando no se cumple en nuestra vida. Pues bien, en el evangelio de hoy Egipto y José representan esta dimen...

Fiesta de la Natividad del Señor. Ciclo A. (Is 52,7-10; Sal 97,1-6; Hb 1,1-6; Jn 1,1-18)

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Incluso las personas más luminosas, antes o después son teñidas por el color grisáceo que da la historia a la vida humana. Al principio de los tiempos, sin embargo, Dios quiso vestir de luz todas las cosas, de la luz de su propia vida, como afirma el Génesis cuando dice que lo primero que hizo Dios fue encender la luz sobre las tinieblas. Los creyentes creemos que todo fue hecho para ser envuelto por la luz y la vida de Dios mismo, una luz que parece haber quedado, como las brasas de un fuego olvidado, enterrado en sus cenizas. Y, sin embargo, ahí sigue, esperando su momento para reavivarse, porque Dios no es alguien que diga sí y después no. Su sí es eterno y fiel como su mismo amor. Lo que celebramos en la Navidad es que el fuego de vida con el que Dios creó el mundo no solo sigue ahí como brasa escondida, sino que se ha convertido en una luz que transfigura la creación en el cuerpo de un pequeño niño en el que todos somos acogidos. En él aparece la gracia suprema, la fraternidad de ...

IV Domingo de Adviento. Ciclo A. (Is 7,10-14; Sal 23,1.6; Rom 1,1-7; Mt 1,18-24)

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¿Y si la María de este evangelio no solo fuera la mujer sencilla de Nazaret, que es causa de dudas y de deseos de repudio por parte de José, que seguramente tantas expectativas tenía de su matrimonio, sino que fuera igualmente la Iglesia, pues siempre y en alguna medida, María fue la Iglesia? Si fuera así, también nosotros como José habríamos experimentado sus mismos sentimientos, el impulso de repudiarla, de abandonarla, al verla envuelta en tantas cosas que nos disgustan (aunque haya que decir que la María original no estaba envuelta por el velo repulsivo del pecado). ¿Y si igualmente aquella María también reflejara lo que sentimos frente a la humanidad que, antes o después, nos enerva con sus límites, con sus miserias, con sus traiciones, hasta hacernos perder la esperanza en ella?   No es muy difícil conectar las tres escenas, por más que confesemos a María como inmaculada, porque en ella, lo mismo que en la iglesia y lo mismo que en la humanidad el Hijo de Dios se quiere dar a...

PRESENTACIÓN DEL LIBRO: Apócrifos, cuentos y microrrelatos de fe

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III Domingo de Adviento. Ciclo A. (Is 35,1-6a.10; Sal 145,6-10; Sant 5,7-10; Mt 11,2-11)

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Quizá el evangelio de este tercer domingo de Adviento no se pronuncie para enseñarnos una verdad de fe, ni para animarnos a vivir conforme a los valores del evangelio. Quizá se pronuncie simplemente para enviarnos a buscar, como los discípulos de Juan, la verdad y la vida de Cristo que ya está naciendo en los suyos (¿quiénes son?, ¿sabremos reconocerlos?). Quizá se pronuncie para que nos esforcemos en percibir los signos que brotan a nuestro alrededor donde se anuncia el advenimiento del Cristo vivo, un Cristo que no ha dejado de trabajar para que el mundo siga moviéndose hacia su hogar verdadero, mientras nosotros seguimos dudando de su presencia bajo las sombras y el peso de un mundo inmisericorde y sin espacio para el Dios de Jesús. Porque esto parecía pasarle a Juan bautista, que dudaba bajo el peso de las cadenas de la injusticia. ¿Cómo no ver en este sentimiento de duda de Juan el nuestro?, ¿cómo no sentir que nosotros también dudamos del poder de Dios este mundo tan dominado por...

Festividad de la Inmaculada Concepción de María. Ciclo A. (Gn 3,9-15. 20; Sal 97,1-4; Ef 1,3-6.11-12; Lc 1,26-38)

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Hay un lugar que no tiene espacio donde está viva y vivificante la semilla de la que nacemos, el germen de nuestra historia, la fuente de nuestros sueños y deseos, el impulso de esperanza que siempre nos acompaña. Un lugar donde somos únicos, pero no estamos solos. Un lugar desde el que quiere amanecer nuestra verdadera vida, siempre acechada por sombras opresivas. Un lugar inmaculado, santo, luminoso. Un lugar casi siempre olvidado, enterrado, ignorado, incluso despreciado cuando vivimos encerrados en la superficie de lo que somos, en los espacios de un mundo que solo es la expresión frágil de esa semilla de eternidad que nos constituye. Ese lugar solo se reconoce cuando escuchamos la palabra que lo sembró en medio de la nada para que fuera vida y vida en plenitud. Y, mientras no la escuchamos, buscamos y buscamos sin encontrar, perdidos en anhelos sin horizonte. Esa palabra es la que supo escuchar María y la que despertó la vida inmaculada para la que siempre la creo Dios, y que qui...

II DOMINGO DE ADVIENTO. Ciclo A. (Is 11, 1-10; Sal 72; Rom 15, 4-9; Mt 3, 1-12)

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Una de las características del Señor que llega es que no necesita ningún espacio especial para encontrarse con nosotros. El nos busca allí donde estamos, porque solo viene a dar cumplimiento a lo que somos. Así se muestra de continuo en el evangelio, Jesús no espera que vayan a él, el se acerca a donde los hombres están viviendo su vida para que encuentren su verdad última. Basta recordar lo que le dice a Zaqueo: “Hoy tengo que comer en tu casa”. Y, sin embargo, el evangelio, tal y como se nos proclama hoy, está precedido de una necesaria visita al desierto. Se trata de aquel lugar donde nada nos distrae, ni imágenes, ni voces, ni sonidos; aquel lugar donde aparece el verdadero y último deseo de vida; aquel lugar donde podemos advertir que tenemos la vida retenida por demasiados miedos, demasiadas complicaciones, demasiados cachivaches, demasiados enfrentamientos; aquel lugar que invita a vivir lo básico, a vivir por un momento de forma minimalista en este mundo de excesos, en un minim...