JUEVES SANTO (Ex 12, 1-8.11-14; Sal 115, 12-18; 1Cor 11, 23-26; Jn 13, 1-15)
Si nos fijamos en la historia de los hombres con Dios podemos apreciar que funciona en forma de espiral de expansión y contracción con dos fuerzas en tensión: un centro que está en continua expansión para abarcarlo todo. Ese centro es Dios mismo que se extiende en espiral por los caminos de la historia para unir todas las cosas a su propia vida. Por otro lado, un espacio podríamos decir salvaje, necesitado de domesticación (en el sentido que se daba a esta palabra en El principito ), el espacio de la humanidad que continuamente parece necesitar huir de Dios para ser ella misma, aunque terminando siempre cansada, vencida y habitada por una melancolía mortal en desiertos sin horizonte. Es este espacio el frente de expansión donde Dios nos busca en sus continuas salidas de sí para traernos al núcleo de la vida, al centro paradisiaco donde todo encuentra su armonía, un centro que nos es otro que él mismo. El relato memorial de la Pascua que leemos hoy refleja la conmemoración v...