COMPASIÓN

Algunos relatos están atravesados por una lectura particular que los ata y apenas los deja moverse en otras direcciones. La leyenda del gran inquisidor, de Dostoievski, es uno de ellos. Allí están concentrada la descripción de todos los autoritarismos religiosos, sociales y políticos que buscan justificarse apelando a un bien superior o último.

Sin embargo, todo el relato está enmarcado por algo mayor la denuncia literaria. “Él -se dice de Jesús antes de que el inquisidor lo mande detener- camina en silencio entre el pueblo con una dulce sonrisa de infinita compasión. Arde en su corazón el sol del Amor […] tiende hacia ellos los brazos, los bendice; del contacto con Él, hasta de sus vestidos, surge una fuerza salutífera”. 

Al final del relato, cuando el inquisidor ha terminado su perorata autojustificativa se dice: “El prisionero se había limitado a escucharle atenta y mansamente […] de pronto sin decir una palabra, se le acerca y le besa dulcemente los exangües labios nonagenarios. Esta es toda su respuesta”.

Y es que la denuncia es lo intermedio, la compasión lo definitivo.


Texto tomado de Fiódor M. Dostoievski, El gran inquisidor y otros cuentos, Siruela 2010, 23.46

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