II DOMINGO DE ADVIENTO. Ciclo A. (Is 11, 1-10; Sal 72; Rom 15, 4-9; Mt 3, 1-12)
Una de las características del Señor que llega es que no necesita ningún espacio especial para encontrarse con nosotros. El nos busca allí donde estamos, porque solo viene a dar cumplimiento a lo que somos. Así se muestra de continuo en el evangelio, Jesús no espera que vayan a él, el se acerca a donde los hombres están viviendo su vida para que encuentren su verdad última. Basta recordar lo que le dice a Zaqueo: “Hoy tengo que comer en tu casa”. Y, sin embargo, el evangelio, tal y como se nos proclama hoy, está precedido de una necesaria visita al desierto. Se trata de aquel lugar donde nada nos distrae, ni imágenes, ni voces, ni sonidos; aquel lugar donde aparece el verdadero y último deseo de vida; aquel lugar donde podemos advertir que tenemos la vida retenida por demasiados miedos, demasiadas complicaciones, demasiados cachivaches, demasiados enfrentamientos; aquel lugar que invita a vivir lo básico, a vivir por un momento de forma minimalista en este mundo de excesos, en un minim...

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