DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C (Am 6,1a.4-7; Sal 145,7-10; 1Tim 6,11-16; Lc 16,19-31)
Quizá parezca extraño, pero algunas afirmaciones de Jesús que parecen describir lo que sucederá no son simplemente profecías descriptivas, sino sobre todo advertencias que se ofrecen justamente para que no se cumpla lo que dicen. Así, por ejemplo, sucede con la parábola del juicio final de Mateo 25 o con la parábola que el evangelio nos da hoy para meditar. Lo que realmente pretende Jesús es que reaccionemos y que la lógica de nuestras acciones no convierta el mundo en una trampa mortal para nuestra vida. Por eso cuando habla de perdición, de “infierno”, no describe lo que hay o lo que habrá, sino lo que es capaz de crear nuestra vida cuando la degradamos pensando en nosotros mismos, lo que puede devolvernos una vida maltratada en sus relaciones. Por eso lo que de verdad pretende Jesús al pronunciar esos juicios es que no se cumplan, como cuando una madre le dice a su hijo pequeño: “como toques el enchufe te doy una torta”. Por eso, a mi modo de entender, esta parábola no nos invit...